De Asturias a Kinshasa: el trabajo de un dentista en el Congo

Hablamos con el Dr. Ignacio Martínez, estomatólogo, que reside en Oviedo y tiene su consulta en Avilés. Ha estado en agosto de 2016 colaborando con el Hospital Monkole, en Kinshasa, capital de la República Democrática del Congo.

¿De dónde viene tu preocupación por ayudar a los demás?

Debo a mis padres la dicha de ser cristiano. Y es esencial en el mensaje de Jesús querer al prójimo.  El Papa Francisco también nos está animando a todos los católicos a luchar contra la pobreza y ayudar a los más necesitados.  Desde niño quise ser médico. Ya lo fueron mi tatarabuelo, bisabuelo y abuelo. Conocía de ellos, además de buena competencia profesional, un servicio amable y cariñoso a los más necesitados. Recuerdo a mi abuelo Mario, gran oftalmólogo, cómo preguntaba en la calle a los ciegos si distinguían la luz. Era una época donde no todos podían acceder a la sanidad como ahora. A muchas de esas personas les operaba gratuitamente. Pienso que no se es buen médico si no se es buena persona. Y me gusta relacionarme con las personas que me rodean. Durante diez años he ejercido la Medicina General. La relación con tantos enfermos, muchas veces acudiendo a pasar consulta domiciliaria, te hace ser más cercano a los demás. Ahora ejerzo la especialidad de Estomatología. Siendo dentista sigo en contacto próximo con los pacientes y trato de aliviar y prevenir las enfermedades de la boca. Cuando conocí la Obra me enseñaron que el trabajo debe ser un servicio. Y decía san Josemaría que “para servir, servir”. Esto significa que hay que prepararse bien para dar una atención con profesionalidad y no descuidar que estamos ayudando a personas.

¿Cómo nace tu inquietud por África?

África es todo un continente. Son muy diferentes unos países de otros. Por desgracia en muchos lugares tienen situaciones donde falta lo más básico para tener una vida digna. Las guerras, a veces toleradas o promovidas desde otros países, dificultan su desarrollo. También hay carencias en educación, en sanidad y en el reconocimiento de la labor que hacen las mujeres en la sociedad. Las dificultades económicas impiden a muchas personas, en especial a las niñas, acceder a la formación profesional. Desde la Fundación Harambee, que nace a partir de la Canonización de San Josemaría Escrivá, tratan de ayudar a que los africanos sean los protagonistas de su progreso.

Concretamente, en Kinshasa se impulsa el hospital Monkole. Está situado en una zona con mucha población que no tiene medios para recibir una medicina de calidad. Su vocación es claramente solidaria. También quiero reconocer la labor encomiable de tantos misioneros que se dejan la vida sirviendo a esas personas.

¿Por qué has ido?

Todos hemos de ser responsables y devolver a la sociedad tantas cosas como recibimos de ella. Las personas que hemos tenido la suerte de formarnos en una profesión tenemos el deber de ponerla al servicio de los demás. En Monkole no había servicio de odontología ni maxilofacial. Un grupo de amigos decidimos colaborar en su puesta en marcha. Hemos organizado cursos para financiarlos. También han colaborado generosamente el Colegio de dentistas de Asturias y otras entidades. En noviembre de 2015 ha comenzado la clínica dental. Y en agosto he ido a trabajar.

¿Cuál ha sido allí tu cometido?

He estado en la Antena de Kimbondo, en la Pediatrie y en el propio hospital. En la Antena pasamos consulta con muy poquitos medios. Se hicieron revisiones y extracciones. La Pediatrie es un centro de acogida de niños abandonados. Allí realicé labores de pediatra y sencillamente de acompañamiento a los niños del orfanato. Y en el hospital pudimos hacer extracciones, empastes, prótesis y pequeñas intervenciones. Además consideran muy importante la formación continuada por lo que impartí unas charlas de patología oral. Todavía faltan por incorporar más medios para realizar intervenciones de mayor entidad.

¿Qué te aporta?

Ha sido muy gratificante realizar esa estancia. He comprobado personalmente que se recibe mucho más de lo que puedes dar.

¿Cómo es la gente del Congo y cuál es su situación?

Las personas con las que he tratado son muy amables y agradecidas. También me ha llamado la atención su paciencia y su sonrisa. Las enfermeras del hospital muy alegres y con deseo de aprender. La República Democrática del Congo es un país joven, con mucha vida y un potencial de desarrollo extraordinario. Necesitan infraestructuras y sobre todo estabilidad.

¿Qué recomiendas para los que quieran ir de voluntarios?

Ir con ilusión por ayudar a personas con pocos recursos. No desanimarse. Aunque no vamos a cambiar mucho la situación sí podemos volcarnos en los que tenemos cerca. Es interesante repasar o aprender francés. Ello te da cierta independencia. Yo no hablaba ese idioma pero me ayudaron mucho. De todos modos al final nos entendíamos. La odontología allí no tiene todavía los recursos a los que estamos acostumbrados. Ello estimula el ingenio. Ya hay experiencia de años y desde Monkole te ayudan a organizar el viaje y la estancia. Los que quieran ayudar y no puedan ir pueden hacerlo de muchas maneras desde su localidad.

Con un colega italiano

¿Qué actividad desarrollas desde Asturias?

Muchos compañeros se han volcado donando materiales y con dedicación de tiempo para el proyecto. También han ayudado empresas de productos dentales. Hay pacientes que colaboran en la campaña “Dona un tratamiento a un niño”. Y otros dan su “tiempo solidario” haciendo diversas tareas para lograr y gestionar otras ayudas: el informático con su ordenador, médicos planificando, secretarias haciendo llamadas, un primo me tradujo una petición de material, etc. Además se han distribuido unos calendarios para financiar el proyecto EBALE que apoya a las embarazadas con dificultades y el sostenimiento de la unidad de prematuros y UCI pediátrica.

¿Cuáles son tus planes actuales?

Continuar con la instalación de la consulta. Mi amigo Silverio ha donado un aparato de rayos X que va a ser muy útil. Alfredo, Berto, Ramón, Germán, Isabel, Salvador, Isidoro, Santiago y Gonzalo entre otros, han dedicado tiempo de su descanso, para ayudar. Sergio desde su empresa hizo un donativo generoso. Necesitamos un laboratorio de prótesis dental  porque gran parte de los enfermos no pueden rehabilitar los dientes perdidos. También a través de la Asociación de Amigos de Monkole se pueden encauzar el voluntariado y las demás ayudas. Queremos que la Clínica de Monkole pueda ofrecer tratamientos dentales y quirúrgicos con la misma calidad que buscamos para los pacientes de nuestra consulta.

J.L.G.

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