Detrás de cada persona descubrí historias increíbles

Silvia Valín de 1º de Bachillerato narra su experiencia como voluntaria de la Asociación Juvenil Trechel en el hospital psiquiátrico de Diösjeno  (Hungría) donde ha viajado por segundo año consecutivo.

Mi nombre es Silvia Valín Gamarra, tengo 17 años y voy a cursar 2º de Bachillerato en el colegio Pinoalbar, el cual me dio la oportunidad de vivir la experiencia que os voy a contar.

Un día vinieron a mi clase unas chicas de la Asociación Juvenil Trechel a contarnos los planes del campamento de verano. A mí me interesó en especial la idea de ayudar a personas con discapacidad mental, ya que había realizado otros proyectos de voluntariado en Valladolid, así que me dije: “¿y por qué no?”.

Fui el verano de 2015, y al llegar lo primero que pensé fue: “¡donde me he metido!”,  pero, poco a poco, con el cariño que intenté dar y el que recibía de esas personas,  cambió mi percepción. Para mí fue una experiencia inolvidable, y sentí la necesidad de volver otra vez para despedirme de verdad de esas personas que tanto me habían marcado, así que me puse a ahorrar durante todo el año para poder ir de nuevo este verano.

Mucha gente que me rodea  me pregunta “que cómo me puede gustar hacer esto”, pero yo creo que aunque haya “casos complicados” y veas “realidades duras”, todos somos personas, y detrás de cada una hay una historia, por eso,  para mí lo que hago es muy especial.

Recuerdo que al llegar allí este verano,  me sentía como si estuviese en mi casa, y como si a toda esa gente la conociese de toda la vida. El día a día en el hospital de Diösjeno era siempre igual: nos levantábamos a las ocho de la mañana, desayunábamos,  después nos íbamos en furgoneta al centro psiquiátrico, y una vez allí, nos asignaban las tareas que teníamos que hacer: -limpieza, jardinería, cocina, manualidades…-, hasta la hora de comer, luego estábamos con los residentes,  y sobre las cinco de la tarde, volvíamos a nuestro alojamiento. Tras diez días de trabajo en este lugar, la despedida fue lo peor, ya que sé que es probable que no vuelva a verles en la vida y me da mucha pena, pero sé que el próximo verano irán otras personas como yo, a hacerles felices simplemente escuchándoles y acompañándoles.

Si tuviese que animar a los  jóvenes a realizar este tipo de actividad, les diría que no dejen pasar esta oportunidad, ya que será algo que les va a marcar en su vida, como me ha ocurrido a mí,  pero eso sí, que si van, vayan sabiendo que tienen que dar lo mejor de sí mismas.

En definitiva, este voluntariado me ha aportado muchísimo, y sobre todo me ha abierto los ojos para decidir mi carrera profesional, ¡estudiaré Enfermería!,  así podré ayudar a mucha gente que está peor que yo,  y que necesita mi ayuda, y que me servirá para dar lo mejor que hay en mí.

Silvia Valín Gamarra

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