El secretario de Estado del Vaticano ordena en Roma a un sacerdote vallisoletano

Miguel Ocaña, nacido en 1985, apela al compromiso social y personal, y recuerda que el mundo ofrece hoy en día «muchas cosas buenas por las que luchar»

El vallisoletano Miguel Ocaña González (nacido en 1985) ha sido ordenado este sábado sacerdote en una ceremonia celebrada en la basílica de San Eugenio, en Roma, con la participación del secretario de Estado del Vaticano, Pietro Parolin, quien intervino en el acto invitado por el prelado del Opus Dei, monseñor Fernando Ocáriz.

Miguel Ocaña, antiguo estudiante del colegio Peñalba, es uno de los 29 diáconos (de diferentes países de Europa, América y África) que fueron ordenados sacerdotes, después de varios años de formación en Roma. Por motivos de la covid-19, en la ceremonia hubo restricción de aforo y solo han podido asistir los familiares más cercanos.

«Aprendí a vivir la fe cristiana sobre todo en mi familia. Pero también desde joven participé en actividades formativas del Opus Dei, lo que me ayudó a profundizar en la fe y a desear vivir conforme a las enseñanzas del Evangelio», asegura Miguel Ocaña, quien recuerda («en la línea que nos marcó San Juan Pablo II en el año 2000») que los sacerdotes deben «ser maestros de oración y expertos en humanidad, que en el fondo significa saber hacer ver a todas las personas que Dios les acompaña en todos los líos, buenos y malos, de su vida diaria. En ese sentido, me gustaría ser un sacerdote que supiese llevar esperanza a la vida de las personas. Pero no una esperanza ingenua, sino la esperanza de saber que Dios nos espera en cada momento de nuestra vida y definitivamente al final de nuestro recorrido por la tierra», aseguró antes de su ordenación.

Ante los retos, no solo personales, sino también de la Iglesia para el futuro, entiende que «son siempre los mismos en todas las épocas y en todos los lugares, es decir, llevar Dios a la vida de los hombres. Y esto se concreta en no cansarse de enseñar el contenido del Evangelio y procurar ponerlo en práctica, empezando por nosotros mismos».

«En cierto modo, se puede decir también que los retos de la sociedad también son siempre los mismos: todos los hombres de todas las épocas buscamos la felicidad. Quizá una de las características de nuestra época sea la infinidad de propuestas de vida que se nos ofrecen. Las posibilidades técnicas y las libertades de elección y de movimiento se han multiplicado. Y por eso hay tantas causas buenas por las que se lucha. Pero creo que todos nos hemos sentido desorientados alguna vez ante la necesidad de elegir un tipo de vida o ante la necesidad de tomar postura por una visión de la realidad o por otra. Ante esta desorientación creo que el hombre y los jóvenes de hoy demandan sentido, el sentido de su vida. Pensando en esto, con el tiempo me he convencido de que la Iglesia tiene la respuesta para esta demanda de sentido», añade el nuevo sacerdote vallisoletano.

Artículo publicado por Víctor Vela en El Norte de Castilla, 17-9-2020

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