«Hola vecinos, soy Pilar. He cosido mascarillas, coged las que necesitéis…»

Una mujer de Salamanca retoma su afición a la costura y cose mascarillas para sus vecinos. «En situaciones como esta, cada uno tiene que hacer lo que pueda y no esperar a que las instituciones nos resuelvan todos los problemas», afirma

«Hola, soy Pilar, del 2º C. He hecho mascarillas caseras, están esterilizadas y selladas al vacío. He dejado una bolsa con unas cuantas colgadas en el pomo de mi puerta. Coged las que necesitéis. Puedo hacer más. Un abrazo»: este es el mensaje que colgó Pilar García de la puerta de su casa hace apenas doce días.

Catedrática de Física Teórica en la Universidad de Salamanca, al empezar el confinamiento siguió haciendo su trabajo desde casa, con reuniones y tutorías por videoconferencia, pero quería hacer algo más. «Siempre me ha gustado coser. Mi madre era modista y se me ocurrió esto de las mascarillas para poder ayudar», asegura.

Tomada la resolución, Pilar contactó con su Ayuntamiento y con la Cámara de Comercio de Salamanca, «pero no supe nada más de ellos», así que se puso a trabajar por su cuenta. En situaciones como esta, cada uno tiene que hacer lo que pueda y no esperar a que las instituciones nos resuelvan todos los problemas», afirma.

Pilar siguió el ejemplo de unas jóvenes de su edificio que se ofrecieron a ayudar a los vecinos más mayores, y entonces se puso manos a la obra. Hizo un repaso de todos los retales que conservaba en los armarios de su casa y, junto a otros materiales que pidió por correo, hizo unas cuantas mascarillas, las dejó en la puerta de su casa y puso un cartel para que lo pudiera ver toda la comunidad. «Lo puse por la mañana, y a la hora de comer no quedaba ya ninguna», dice.

Desde entonces no ha parado, y en doce días ha realizado 70 mascarillas. «Me han pedido algunos vecinos, la cartera que reparte el correo, para ella y para sus compañeros, un repartidor del supermercado me pidió varias… Esto me hace llegar a gente normal y corriente, que no tiene acceso a mascarillas y las necesita».

Además, esta iniciativa le ha permitido «estrechar la relación con personas de mi entorno que de otra manera no conocería». Por ejemplo, un repartidor del supermercado que se llevó varias mascarillas «y me dejó en la puerta un paquete de bombones. La gente es muy buena, y esta situación está sacando eso a flote», dice Pilar.

Hoy, varios días después, en el tiempo libre que le dejan sus clases y sus tutorías, sigue haciendo mascarillas. Ahora lo hace por encargo, como dijo a sus vecinos en un segundo cartel que colocó en las zonas comunes de su comunidad: «Las mascarillas que dejé en la puerta de mi casa se han acabado. Quien necesite más, puede mandarme un WhatsApp y se las haré gratuitamente con mucho gusto. Resistiremos. Un saludo».

Articulo de: Juan Luis Vázquez Díaz-Mayordomo, Alfa y Omega, 2-4-2020

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