Medalla del mérito al trabajo

Beni González es una burgalesa, casada, madre de cuatro hijos y cuatro nietos. Pertenece al Opus Dei desde hace muchos años. El pasado 23 de septiembre le impusieron la medalla del mérito al trabajo como funcionaria del Cuerpo de Gestión Procesal y Administrativo en Burgos. Ha querido compartir con nosotros la experiencia de estos años, donde ha sabido compaginar el trabajo profesional con el del hogar, y con el de madre de familia.

Tengo que partir de una base, que me parece debo destacar, y es haber tenido la suerte de que me gustaba mucho el trabajo que hacía. Mis compañeros de trabajo y las personas que me conocen, me lo han oído decir muchas veces.

En la comida-homenaje que me dieron con motivo de mi jubilación, una vez que se acabaron todos los discursos, me tocó coger el micrófono para decir unas palabras, y comencé diciendo que daba gracias a Dios por  haber llegado a la jubilación; por haber tenido un trabajo que me gustaba mucho, y  unos jefes y compañeros estupendos.

AL COGER EL MICRÓFONO COMENCÉ DICIENDO QUE DABA GRACIAS A DIOS POR HABER LLEGADO A LA JUBILACIÓN, Y POR HABER TENIDO UNOS JEFES Y COMPAÑEROS  ESTUPENDOS

Durante  todos esos años de mi vida laboral, lo mismo que a día de hoy, tuve muy presente que por pertenecer al Opus Dei, tenía que luchar por buscar mi santificación en ese trabajo ordinario que tenía entre manos, y que al estar destinada en una  Sección Penal de la Audiencia Provincial consistía en la tramitación de asuntos penales  por delitos graves.

Tenía claro que no podía conformarme con sólo cumplir bien mi trabajo; que no podía conformarme con trabajar con responsabilidad; que no era suficiente poner interés e ilusión por despachar papeles, sino que debía ir más allá, tenía que dar un paso más adelante, y que tenía sobre todo que encontrar a Dios en mi trabajo.

Como decía San Josemaría, Fundador del Opus Dei, detrás de cada papel, detrás de cada procedimiento que caía en mis manos  debía ver hijos de Dios, personas a las que atender bien cuando acudían para informarse sobre “su asunto” o para preguntar por ese esposo o ese hijo que quizá estaba en prisión en algún procedimiento, y si bien la mayoría de las veces no estaba en mis manos resolverles sus problemas, sí estaba en mis manos escucharlas con atención, decirles con cariño algo que les alentase dentro de la triste realidad de los hechos; también estaba en mis manos  despedirles con  una sonrisa, para hacerlas más llevadero  su problema.

COMO APRENDÍ DE SAN JOSEMARÍA, DETRÁS DE CADA PAPEL QUE CAÍA EN MIS MANOS, DEBÍA VER HIJOS DE DIOS. TAMBIÉN ESTABA EN MIS MANOS DESPEDIRLES CON UNA SONRISA, PARA HACERLES MÁS LLEVADERO SU PROBLEMA

También tenía el deber de hacer algo con los compañeros, esas personas con las que se convive muchas horas al día; personas que estaban muy cerca de mí, porque en definitiva Dios me las había puesto a mi lado y yo, no debía “pasar de ellas”.

Todos sabemos por experiencia que en el trabajo y por el hecho de pasar muchas horas con los compañeros, hay días y momentos en que la convivencia se hace más difícil y hay que estar “ojo avizor”, para que no haya discusiones ni susceptibilidades; para que no se critique o se hable mal de otros, y para quitar importancia a los pequeños roces que inevitablemente pueden surgir en cualquier momento. Había que intentar que hubiera “buen rollo”.

POR EXPERIENCIA TODOS SABEMOS QUE HAY DÍAS EN QUE LA CONVIVENCIA SE HACE MÁS DIFÍCIL Y HAY QUE ESTAR “OJO AVIZOR” PARA QUE NO HAYA DISCUSIONES NI SUSCEPTIBILIDADES. HABÍA QUE INTENTAR QUE HUBIERA “BUEN ROLLO”

Palabras de Beni agradeciendo esta medalla

Durante esos años luché  por buscar la santidad en el trabajo ordinario; pero al igual que ocurre en cualquier otra lucha, unas veces vencía  y  otras  tenía mis derrotas, como por ejemplo en esas ocasiones en que me faltaba rectitud de intención y en lugar de trabajar cara a Dios, lo hacía por satisfacción personal, sentía vanidad y autocomplacencia; era el inconveniente de tener un trabajo que en sí ya me gustaba mucho. En esas ocasiones, la lucha consistía en rectificar cuando caía en la cuenta, y recomenzar nuevamente a trabajar  por amor a Dios.

DURANTE ESOS AÑOS LUCHÉ POR BUSCAR LA SANTIDAD EN MI TRABAJO, Y COMO OCURRE EN CUALQUIER CAMPO DE LUCHA, UNAS VECES VENCÍA Y OTRAS TENÍA MIS DERROTAS. CUANDO CAÍA EN LA CUENTA, MI LUCHA CONSISTÍA EN RECTIFICAR Y RECOMENZAR NUEVAMENTE POR AMOR A DIOS

Y con la jubilación recibí algo que no me esperaba y fue un gran regalo: mis jefes y compañeros habían remitido al Ministerio de Justicia un escrito firmado por todos ellos, solicitando se me concediera  la medalla del mérito a la Justicia de la Orden de San Raimundo de Peñafort.

MIS JEFES Y COMPAÑEROS HABÍAN REMITIDO AL MINISTERIO DE JUSTICIA UN ESCRITO FIRMADO POR TODOS ELLOS, SOLICITANDO QUE ME CONCEDIERAN LA MEDALLA DEL MÉRITO A LA JUSTICIA DE LA ORDEN DE SAN RAIMUNDO DE PEÑAFORT

Al  cabo de unos meses, llegó la concesión,  y el pasado día 23 de septiembre me la impusieron en la Sede del Tribunal Superior de Justicia de Castilla y León, en el acto de Apertura del Año Judicial. Fue un acto muy emotivo para mi familia y por supuesto para mí; recibí mucho cariño por parte de los presentes en dicho acto y eso ¡no lo olvidaré nunca!

Para terminar,  quiero decir que durante estos de mi vida laboral, no perdí nunca la ilusión por despachar día a día los asuntos que caían en mis manos, y que me fui con la ilusión de haber dejado un buen recuerdo entre mis jefes y compañeros.

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