Mi agradecimiento a la Virgen de Torreciudad y a San Josemaría por la curación de mi hija Celia

Me llamo Nieves Alba, y quisiera compartir algunos momentos de mi vida que me han ayudado a madurar en mi vida cristiana, y a crecer en la devoción a la Virgen María y a san Josemaría. Siendo adolescente estudié en un colegio cuya formación religiosa estaba dirigida por la Prelatura del Opus Dei. Animada por una amiga, empecé a participar en las actividades del club juvenil que había en mi ciudad –Avilés.

EL LIBRO DE CAMINO SE CONVIRTIÓ EN MI LIBRO DE CABECERA

En mi primer viaje con el Club, esta amiga me enseñó y animó a hacer oración. Recuerdo que me dijo: “hay que estar en silencio, te dejo un libro, lees, piensas  y si tienes alguna duda, me preguntas”. Desde este momento, Camino pasó a formar parte de mi vida, y se convirtió en “mi libro de cabecera”.

Fue pasando el tiempo, me hacía muchas preguntas, las respuestas que sacaba,  parecían no encajar del todo, empecé a plantearme cosas, me hablaron de vocación, pero había piezas en el puzle que no ensamblaban del todo; llegó un día que decidí dejar de ir por el club, y de asistir a los medios de formación.

Aun así, Camino y san Josemaría, estaban siempre conmigo. Habitualmente le pedía ayuda y, aunque no con la prontitud que yo quería, él me respondía.

Nieves Alba

No perdí el contacto con mi parroquia, donde seguí yendo a Misa, dando catequesis, rezando…sobre todo, en los momentos de dificultad, siempre me ponía en manos de san Josemaría; le fui cogiendo tanto cariño que empecé a llamarlo “Chemari”, “en un exceso de confianza, no de irreverencia.

Pasaron los años, y me enamoré de quien hoy es mi marido: Javier. Aunque él no era de ir a Misa, me respetaba y empezó a acompañarme. Un buen día decidimos casarnos.

Al poco tiempo, me invitaron a hacer un curso de retiro y me animé a ir. Durante estos años, sin llegar a perder el contacto con las personas de la Obra, me mantuve alejada; sin embargo, esas personas siempre estuvieron a mi lado, respetando “mi libertad”.

ME MANTUVE ALEJADA DEL OPUS DEI DURANTE UNOS AÑOS, SIN EMBARGO, MIS AMIGAS DE LA OBRA SIEMPRE ESTUVIERON CERCA DE MÍ, RESPETANDO MI LIBERTAD

En 2005 llegó Celia, nuestra primera y única hija. Sin duda fue el mejor regalo de mi vida; pero a los dos meses de nacer, le diagnosticaron una doble enfermedad: hidrocefalia e hipotonía.

La primera acumula un líquido en el cerebro que le va ocasionando daños irreparables; la segunda deja los músculos sin consistencia.

A MI PRIMERA Y ÚNICA HIJA -CELIA- LE DIAGNOSTICARON A LOS DOS MESES UNA DOBLE ENFERMEDAD: HIDROCEFALIA E HIPOTONÍA

Era como “una muñeca de trapo sin movimiento”, y los médicos nos dijeron que no llegaría ni a caminar, ni a hablar. En aquel momento tenía dos opciones: tirar la toalla o luchar. Entonces me acordé de san Josemaría, y le dije con toda confianza que a ver qué hacía!

PUSE A MI HIJA EN MANOS DE LA VIRGEN DE TORRECIUDAD Y DE SAN JOSEMARÍA

Como también me enseñaron que «a Dios rogando y con el mazo dando», no me resigné al pronóstico, y decidí pedir otras opiniones. Además, puse a mi hija también en manos de Nuestra Señora de Torreciudad, a desde siempre tuve mucha devoción.

Nieves con su marido Javier

Para dedicarme en cuerpo y alma a mi hija, dejé mi trabajo. Hubo que prepararle toda una habitación especial para evitar golpes con muebles y esquinas. Recuerdo que con un cepillo de púas que se utilizan para frotar el suelo le restregaba las plantas de los pies, porque sus articulaciones necesitaban ese estímulo para no anquilosarse. Fueron unos años durísimos, tanto que, a día de hoy, todavía no me explico cómo pude superarlos. Creo que fue amor y fe a partes iguales los que me sostuvieron: amor a mi hija y de mi marido (que luchó tanto o más que yo), y fe en Dios.

DE MANERA INEXPLICABLE PARA LOS MÉDICOS A LOS SEIS AÑOS LE DIERON EL ALTA: ¡CELIA ESTABA CURADA!

De manera inexplicable para los médicos, cuando mi hija tenía seis años de edad le dieron el alta: estaba curada. Durante ese tiempo el cerebro había ido reabsorbiendo el líquido paulatinamente, y no hubo necesidad de operar. La hipotonía también remitió hasta desaparecer.

El hospital nos pidió los vídeos que grabábamos periódicamente durante su enfermedad, para utilizarlos en investigación médica, porque se trataba de un caso único. A día de hoy, Celia es una niña totalmente sana, luchadora y buena estudiante.

En el 2017 nos fuimos al Santuario de Torreciudad, para dar gracias a Dios, a la Virgen y a san Josemaría. Fue un viaje inolvidable, donde el rector del Santuario nos acogió, y nos animó a dejar allí el testimonio de la curación de Celia.  Por otra parte, este viaje supuso para mí, un punto de inflexión en mi vida.

EL VIAJE A TORRECIUDAD PARA AGRADECER LA CURACIÓN DE MI HIJA, SUPUSO UN PUNTO DE INFLEXIÓN EN MI VIDA: DECIDÍ RETOMAR LA ASISTENCIA A LOS MEDIOS DE FORMACIÓN QUE LA OBRA IMPARTE EN MI CIUDAD

Cuando llegué a mi ciudad, hablé con una persona de la Obra que más conocía, y retomé la asistencia a los medios de formación.

Poco a poco, empecé a ver que las piezas de mi puzle, ahora sí encajaban, y que el Señor y san Josemaría, nunca me habían dejado de su mano.

Nieves con san Josemaría

Mi marido durante este tiempo también se fue acercando más a la fe, y juntos hemos formado una familia cristiana, que a pesar de muchos esfuerzos, sacrificios, ha merecido la pena y de la cual estoy orgullosa.

Al mismo tiempo, mi marido y yo, tomamos la decisión de cambiar a nuestra hija a un colegio con valores cristiano,  y empezó a participar con ganas en las actividades formativas primero del Club Cares de Oviedo, y después en el club Enalba de Gijón.

SEGUÍ AVANZANDO EN MI FORMACIÓN. EL SEÑOR ME HABÍA DADO MUCHO, Y AHORA ME PEDÍA MÁS. POR ESO HACE POCO PEDÍ LA ADMISIÓN COMO SUPERNUMERARIA DEL OPUS DEI

Seguí avanzando en mi formación, y decidí hacerme cooperadora. Hice curso de retiro, asistía con regularidad a los medios de formación; sin embargo, veía que me faltaba algo. El Señor me había dado mucho, y ahora era Él quien me pedía más, al mismo tiempo que me daba la fuerza. Es por ello que hace poco más de dos años, pedí la admisión como supernumeraria en el Opus Dei.

A día de hoy, soy una mujer completamente feliz. Doy Gracias a Dios, a san Josemaría, a Nuestra Señora de Torreciudad, y también a cada persona que me ha acompañado en este camino, algunas han tenido que aguantarme tanto…pero siempre han estado ahí, y solo espero conservar su amistad para siempre.

LO QUE TENGO CLARO ES QUE EL SEÑOR Y SAN JOSEMARÍA ESTÁN CONMIGO, SINO YO NO HUBIERA PODIDO LLEGAR HASTA AQUÍ

Para terminar quiero dar las gracias también a mi marido, pues sin su constante y  generosa ayuda, muchas cosas no hubieran sido posibles. Pienso que jamás podré agradecer a Dios, todo lo que he recibido y recibo cada día. Tengo clara certeza de que el Señor y san Josemaría están siempre pendientes de nosotros, de lo contrario –estoy segura-, yo no hubiera podido llegar hasta aquí.

Nieves y Javier con el rector de Torreciudad

Firmado: Nieves Alba

 

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