Mi madre, mi heroína  

Mi madre se llama Quinti Ruano, lleva más de cincuenta años como supernumeraria del Opus Dei, y acaba de cumplir 94 años. Es una mujer fuerte, alegre y muy piadosa.

En  estos tiempos donde se cuestiona la “rentabilidad de las vidas”, quiero hacer un pequeño homenaje a quienes nos precedieron, a su sabiduría y serenidad, a nuestros mayores, que no están suficientemente reconocidos.

Quinti Ruano a sus 94 años

MI MADRE LLEVA MÁS DE CINCUENTA AÑOS COMO SUPERNUMERARIA DEL OPUS DEI. ES UNA MUJER FUERTE, ALEGRE, Y MUY PIADOSA

Lleva nueve años viviendo en la residencia Sauvia de Salamanca. Allí es feliz, está integrada con los residentes y el personal, es muy querida por ellos, y nosotros hemos convertido ese lugar en “la casa de mamá”.

A lo largo de estos años, valoramos mucho el trabajo entregado de cada persona de la residencia, su cercanía, su entrega servicial y afable.

Mi madre siente mucho cariño por todo el mundo, y lo comparte con Óscar el del bar; con Julia, la peluquera; con cada auxiliar de su planta; con las recepcionistas; con los capellanes…todos son para ella objeto de su sonrisa y agradecimiento.

SIENTE CARIÑO POR TODO EL MUNDO QUE LE RODEA. PARA ELLA, TODAS ESTAS PERSONAS SON OBJETO DE SU SONRISA Y AGRADECIMIENTO

Mis hijos, hermanos, sobrinos, primos, tías…toda la gran familia que formamos, en nuestras visitas cotidianas para verla, disfrutamos “a tope» con ella, participando en ocasiones en la santa Misa, tomando algo en la cafetería, paseando o en una animada tertulia, a veces, junto a otros residentes, que ya son amigos y parte de nuestra vida.

Quinti con sus hijas y nietas

En estos dos meses de confinamiento, suspendidas las visitas, hubo momentos muy duros y difíciles, algunos días era casi imposible conectar con ellos, el personal se desvivía por ellos, pero nosotros en la distancia estábamos muy preocupados.

EN ESTOS MESES DE CONFINAMIENTO, HUBO MOMENTOS MUY DUROS Y DIFÍCILES. ALGUNOS DÍAS ERA CASI IMPOSIBLE CONECTAR CON ELLOS. EL PERSONAL QUE LES ATENDÍAN SE DESVIVÍAN POR CADA UNO, PERO NOSOTROS EN LA DISTANCIA ESTÁBAMOS MUY PREOCUPADOS

La incertidumbre, el temor por no saber de ellos, su fragilidad, el virus por el centro “haciendo de las suyas”.  Realmente ha sido una Semana Santa muy complicada para todos.

Yo puse mi confianza en que “el Domingo de la Divina Misericordia” diese un giro positivo a esta situación de pandemia mundial. Así que empecé a rezar por ello.

Y ese mismo domingo me llegó con la noticia de que mamá se había puesto muy mal.  Se decidió llevarla urgentemente al hospital. Todo era muy confuso y precipitado; sin embargo, yo estaba envuelta en una paz y serenidad impropias de mi carácter.

PUSE MI CONFIANZA EN QUE “EL DOMINGO DE LA DIVINA MISERICORDIA” DIESE UN GIRO POSITIVO A ESTA SITUACIÓN DE LA PANDEMIA, PERO ESE MISMO DÍA ME LLEGÓ LA NOTICIA DE QUE MI MADRE SE HABÍA PUESTO MUY MAL. SIN EMBARGO, YO ESTABA ENVUELTA EN UNA PAZ Y SERENIDAD IMPROPIAS DE MI CARÁCTER

En medio de ese caos, pude contactar con dos doctores amigos que estaban buscando a mi madre, y me informaron de su situación. Uno de ellos la tuvo a su cargo esa noche. Su estado era muy preocupante.

Quinti con algunos de sus nietos

Decidieron que, al ser negativa de coronavirus, esa misma madrugada se la trasladaría a otro hospital limpio del virus, como venían haciendo en estos casos desde hacía pocos días. Esa misma noche me informaron de que había posibilidades de poder estar con ella; con esa buenísima noticia, me fui a dormir llena de confianza y repitiendo: ¡Jesús, en Ti confío!

DIO NEGATIVA LA PRUEBA DE CORONAVIRUS Y PUDIERON TRASLADARLA A OTRO HOSPITAL. ESA MISMA NOCHE ME FUI A DORMIR CON ELLA, LLENA DE CONFIANZA Y REPITIENDO: ¡JESÚS, EN TI CONFÍO!

Ha sido un gran regalo poder acompañarla mientras estuvo ingresada, aunque su evolución era incierta, mejorando y empeorando según el día. Fueron doce días de estancia en ese hospital, siempre acompañada de nuestros cuidados y cariño, cumpliendo todos los protocolos de higiene por la situación actual.

Finalmente, mi madre se ha recuperado bastante, y fue trasladada de nuevo a su residencia, donde todos la esperaban muy contentos, en medio del gran dolor por la pérdida de personas maravillosas durante las semanas anteriores. A todas ellas las llevo en mi corazón y en mis oraciones.

DE NUEVO HA SIDO TRASLADADA A LA RESIDENCIA, DONDE TODOS LA ESPERABAN MUY CONTENTOS, EN MEDIO DEL GRAN DOLOR POR LA PÉRDIDA DE PERSONAS MARAVILLOSAS EN LAS SEMANAS ANTERIORES. A TODAS ELLAS LAS LLEVO EN MI CORAZÓN Y EN MIS ORACIONES

Ha sido duro volver a despedirme de ella, y también un gozo haber podido estar a su lado, cuidarla y aprender, como siempre, tanto de ella: una total aceptación a la voluntad de Dios!

Durante esos días que yo me pasé en el hospital, la calma y el orden en mi casa fueron máximos.

Volví a comprender de un modo más profundo que cada minuto de vida es sagrado, cada minuto de vida tiene sentido, no somos nosotros quienes podemos alargar o acortar ese minuto que Dios nos concede o nos reclama amorosamente.

Como mamá nos enseñó siempre, hay que vivir dando gracias infinitas al Señor por tantos beneficios que nos hace, y por eso, ese repetir mío incesante de ¡Jesús, en Ti confío!

¡Mamá, sin duda eres mi gran heroína!

Imagen de la Divina Misericordia

MI MADRE NOS ENSEÑÓ SIEMPRE A DAR GRACIAS A DIOS POR TODOS LOS BENEFICIOS QUE NOS HACE, Y DE AHÍ MI REPETIR INCESANTE: ¡JESÚS, CONFÍO EN TÍ

Aprovecho también este momento para dar las gracias al maravilloso personal de hospital Clínico Montalvos y Residencia Sauvia de Salamanca.

Fdo.: Aurora Zaballos Ruano

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