Mi profesora de Física y Química camino de los altares

Conocí a Guadalupe Ortiz de Lándázuri, en los años 1962 a 1968. Desde el primer momento me llamó la atención su modo de ser, de actuar, de tal modo que pensé: “A mí  me gustaría parecerme a ella”. Su alegría, sencillez, naturalidad, educación, modo de trabajar, y su fe cristiana, hacían muy fácil la convivencia a su lado.

Fue mi profesora de Física y Química, y pude comprobar como preparaba sus clases a fondo para que las entendiéramos bien. Procuraba hacerlas amenas, y siempre estaba disponible para cualquier duda que nos surgiera.

Yo sabía que había empezado la labor apostólica en México en el año 1950, junto con otras tres personas más del Opus Dei, todas ellas muy jóvenes. Tuve la suerte de escucharla hablar, -en varios encuentros familiares en Pamplona-, de esos comienzos en tierra mexicana. Contaba que fueron seis años de siembra del espíritu de la Obra, en el que pusieron en marcha varias residencias universitarias; habilitaron una hacienda “prácticamente en ruinas”, que luego se convertirá en una casa de retiros y convivencias Montefalco, abrieron varios Centros, y realizaron numerosos viajes a pueblos a Tacámbaro del estado de Michoacán para promover la formación con campesinas.

En el año 1953 se matriculó para hacer el doctorado en Ciencias Químicas: ella sabe que hay que estar al día en la profesión, como aprendió de labios de san Josemaría. Una picadura de un insecto le hace caer gravemente enferma, pero –gracias a Dios- sale adelante, y se traslada a vivir a una residencia de universitarias que acaban de abrir en la calle Hamburgo.

En octubre del año 1956, se va a Roma para asistir a un congreso general del Opus Dei, y allí se queda porque así se lo pide el fundador, para ayudar en el gobierno y en la dirección de los apostolados de la Obra en el mundo. En diciembre, poco tiempo después de llegar,  sufre una crisis cardíaca grave. Viaja a Madrid para ser operada en la clínica de la Concepción. Cuando se recupera, en octubre de 1957 vuelve a Roma.  A los pocos meses sufre otra descompensación cardíaca que le lleva de nuevo a Madrid, para quedarse definitivamente en su ciudad natal, era el 12 de mayo de 1958.

A sus cincuenta y dos años se pone a trabajar como profesora en el Instituto Nacional de Enseñanza Media Ramiro de Maetzu, y luego en la Escuela de Maestría Industrial, y participa en la creación del Centro de Estudios e Investigación de Ciencias Domésticas, donde imparte sus clases de Física y Química. Así que en esos años de Madrid, pude vislumbrar la belleza de una vida heroica realizada a través de su trabajo oculto y bien hecho. Gracias Guadalupe!

Ahora, con la certeza de haber conocido a una persona santa, espero poder estar con algunos familiares y amigos el 18 de mayo de 2019 en el pabellón de Vistalegre Arena de Madrid.

Maribel Romojaro Ortiz

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