Regreso a Valladolid con un “rayo de esperanza”

Me llamo Teresa Corpas del Moral, tengo 16 años, y acabo de terminar 4º de la ESO. Este verano decidí participar como voluntaria en el Campo de Trabajo del Hospital Psiquiátrico “Rayo de Esperanza”, que está situado en un pequeño pueblo húngaro llamado Balassagyarma,  del 17 al 30 de Julio.

Teresa Corpas

EL NOMBRE DE ESTE HOSPITAL “RAYO DE ESPERANZA” ME PARECE EL MÁS ADECUADO POR LA LABOR QUE ALLÍ  REALIZAN

En este Hospital conviven más de cien personas: una docena de niños, que han sido abandonados por sus padres, y que el Estado se encarga de llevar su tutela; ochenta enfermos la mayoría jóvenes, abandonados por sus padres; y por último, quince madres solteras, que  también han sido expulsadas de sus familias, y que este Centro ha decidido acogerlas y ayudarles.

Las voluntarias Teresa e Isabel limpiando el hospital

Mi primer día de contacto con ellos me impactó muchísimo. Nunca había visto a tantos niños juntos con deformidades o con un grado de discapacidad tan elevado. Lo que sentí al principio al llegar fue –no sé cómo expresarlo- ¿miedo, inseguridad?, pero a los pocos días de conocerlos y tratarlos les fui cogiendo un cariño inmenso. Creo que esta vivencia, está llenando mi vida de una manera increíble.

NUNCA HABÍA VISTO A TANTOS NIÑOS JUNTOS CON DEFORMIDADES O CON UN GRADO DE DISCAPACIDAD TAN ELEVADO

Nuestro día a día consistía en lo siguiente: cada mañana nos dedicábamos a “mejorar el hospital”, unas pintábamos o limpiábamos las zonas que nos indicaban los responsables del lugar; otras se encargaban de ordenar los almacenes y los garajes.  Pero lo mejor, llegaba por las tardes… cuando nos dedicábamos a estar con los niños o los enfermos. A algunos, simplemente les hacíamos compañía, con otros jugábamos, cantábamos o bailábamos con ellos.

ACOMPAÑARLES, JUGAR, CANTAR O BAILAR CON ELLOS, ERA LO  MEJOR  DE CADA TARDE

Recuerdo todavía con emoción, como uno de los mejores días de mi estancia en este lugar, el día que les sacamos -¡a los que podían claro!-, a pasear por el pueblo para invitarles a tomar un helado. Verlos tan felices con este pequeño detalle, ya que era una de las pocas veces (para algunos era la primera vez), que salían del Hospital.

Varias voluntarias paseando a los enfermos del hospital “Rayo de Esperanza”

Y si me preguntáis cual fue el “peor día”, os diré que fue el de la despedida. La mayoría lloraban y nosotras también con ellos. Pudimos hacerles un gran festival, lleno de actuaciones de magia, música y bailes. Ellos para agradecer estos días en nuestra compañía, nos hicieron una comida típica española, que consistió en: aceitunas variadas y un pan tumaca con kétchup y aceite, que nos encantó.

No quiero terminar mi testimonio sin hablar de cuatro enfermos que me impresionaron profundamente. Dos de ellos estaban literalmente “en los huesos”, y apenas tenían fuerza para respirar, estaban ya en la fase terminal. Y los otros dos: un bebé con elefantiasis, y una adolescente de dieciséis años, que fue violada por su padre.  A mí, se me encogió el corazón al conocerlos y saber sus historias.

ESTAS CUATRO HISTORIAS ME MARCARON PROFUNDAMENTE Y CADA DÍA ME ACUERDO DE ELLOS

Ahora, ya de regreso a Valladolid, pienso con frecuencia en las condiciones tan duras en las que viven estas personas del Hospital, por ejemplo, duermen en colchones de goma espuma; la higiene que tienen es mínima; el número de enfermeras que tienen es escaso para tantos enfermos, etc. Por eso, desde que he vuelto de Hungría, doy gracias cada día por la familia que tengo, por mi salud, por mi país, y por tantas cosas más!!!

Y sí, ya he decidido que el próximo verano estaré de nuevo en ese Hospital que ha aportado a mi vida “un rayo de esperanza”.

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