Tempero, medio siglo educando a través del ocio

Este club vallisoletano ofrece actividades a los jóvenes para que se formen como personas libres mientras se divierten en su tiempo libre

Algunos fines semana se hacen planes con toda las familias

La Razón.- Rodrigo Ortega. Valladolid (03 de junio de 2018)

Que los jóvenes se formen como personas libres y aprendan valores como la cultura del esfuerzo, el afán de superación, el trabajo en equipo, la amistad, el respeto a los demás o la solidaridad mientras se divierten y hacen amigos.

Esta es la principal misión que el Club Juvenil Tempero lleva a cabo en Valladolid desde hace más de medio siglo y con grandes resultados, mediante actividades de ocio y tiempo libre extraescolares, que sirven de complemento a la tarea educativa que ya desarrollan el colegio y las propias familias con los chicos.

El estudio diario es fundamental. En Tempero estudian más de dos horas diarias.

«Una de las claves del éxito está en la buena comunicación que tenemos con los padres; nunca hacemos nada que ellos no quieran para sus hijos y solo tratamos de ayudarles en su tarea formativa haciéndoles sentir protagonistas», señala a LA RAZÓN José María Cebrián, vicepresidente del Club Juvenil Tempero, de inspiración cristiana y que ofrece una formación humana y espiritual encomendada el Opus Dei.

De hecho, son muchas las actividades que a lo largo del año llevan a cabo con los progenitores, como conferencias, excursiones, cursos de orientación familiar y encuentros periódicos para dar cuenta de la acción educativa de Tempero con sus hijos.

Los chicos realizan muchas actividades solidarias como cantar en una residencia de ancianos. Los mayores entonaron a coro con los chicos

Para Cebrián, el club «es una buena salida» para todos los adolescentes, pero sobre todo para aquellos que puedan tener algún problema de conducta tanto en casa como a nivel social o dificultades en el colegio. Y destaca que, aparte de colaborar en la formación de los chavales y de tratar de «romper su encerramiento», derivado en la mayoría de las ocasiones por el uso abusivo de los móviles, este club promueve que los jóvenes presten un servicio social y dediquen parte de su tiempo a ayudar a los demás. Algo que hacen asiduamente con visitas a residencias de ancianos o participando en los programas de oenegés como Harambee.

En una actividad de Comunicación, la segunda sesión se desarrolló en el edificio Promecal, sede del canal autonómico Castilla y León Televisión.

Cuenta atrás para Valdelugueros

Pero una de las actividades más esperadas en la familia que forman en el Club Juvenil Tempero, es el campamento de verano que realizan en Valdelugueros. Un municipio del norte de León situado en el valle del río Curueño, que ofrece un contexto ideal para que los jóvenes disfruten de la naturaleza a la vez que practican actividades deportivas y de aventura, excursiones e incluso aprenden inglés.

«El objetivo es que los chavales no se aburran y siempre tengan algo que hacer», explica Cebrián, mientras cuenta que en el campamento también se dedican quince minutos al día para una plática y dispone también de un oratorio para que los jóvenes puedan rezar cuando quieran.

Una vista del maravilloso paraje del campamento de Valdelugueros, en León.

El Club tiene en exclusiva un turno del 3 al 11 de julio, al que acudirán un centenar de chicos de entre 8 y 12 años estudiantes de 4º a 6º de Primaria, que dormirán en tiendas de campaña. El periodo de inscripción ya está abierto y Cebrián recuerda a todos los interesados que pueden entrar en el blog (campamentovaldelugueros.blogspot.com.es) para recibir más información.

Antiguos campistas forman parte del equipo de monitores que se encargan del cuidado de los chavales, al que se suma uno más que pone a disposición la Junta para controlar que las actividades que se realicen no pongan en peligro la integridad de los jóvenes y del entorno.

Del 27 de julio al 2 de agosto un puñado de socios de Tempero tuvo la suerte de participar en la JMJ de Cracovia. Fueron unos días que recordaremos siempre

Pedro Villalobos y Vicente Viciosa, de 17 y 18 años, son dos de los jóvenes monitores de Tempero que volverán este verano por segundo año a Valdelugueros. «Es una experiencia única y nos lo pasamos mejor que cuando íbamos como usuarios», reconocen ambos a este periódico, donde destacan también que lo que más les gusta de su labor es poder transmitir a las nuevas generaciones lo que ellos han aprendido y hacer nuevos amigos.

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