Un buen católico no se distingue en absoluto de una persona del Opus Dei

El vicario del Opus Dei para Castilla y León, Asturias y Cantabria, Ignacio Aparisi, será uno de los electores que en Roma decidirán quién se convertirá en el tercer prelado de la Obra

Bajo su manto espiritual están 4.000 fieles de Castilla y León, Asturias y Cantabria, además de 62 sacerdotes incardinados y un centenar de asociados. Ha conocido a San José María y a los dos prelados del Opus Dei, Álvaro del Portillo y Javier Echevarría, con cuya muerte se sintió «huérfano y esperanzado». El próximo lunes este madrileño licenciado en Medicina y Doctor en Teología, que se ordenó sacerdote en 2009, será uno de los electores que en Roma decidirán quién se convertirá en el tercer prelado de la Obra.

-A partir de la próxima semana, ¿se abre una nueva etapa en el Opus Dei?

-Es una etapa a la que llegamos con esperanza y sin temor ninguno, pero con cierta curiosidad. La próxima semana se iniciará el Congreso electivo en Roma y si bien quien nombra al prelado es el Santo Padre, quienes sugieren en primera instancia son las mujeres, que en el Opus Dei mandan mucho. Así, este sábado se reúne el pleno del Consejo para las Mujeres de la Prelatura (la Asesoría Central), unas 35 mujeres que, una vez conocidos los nombres de los sacerdotes que tienen los requisitos para ser prelado, proponen de forma secreta a los que consideran más adecuados. Después, a partir de esa lista, son los congresistas los que deciden y, posteriormente, el Papa Francisco quien confirma.

-Usted llegó a esta Prelatura el pasado mes de octubre. ¿Qué se ha encontrado?

-El espíritu de San José María me lo he encontrado en la calle. Me he encontrado, sobre todo en la gente joven, una gran sensibilización con los mensajes del Papa Francisco.

-¿Cómo ve a los castellano y leoneses desde un punto de vista religioso?

-No muy distinta a la de Europa. Estamos en una sociedad secularizada y eso se nota, de ahí la dificultad a que el mensaje cristiano se abra paso. Pero el fenómeno Opus Dei cada vez es más conocido. Hasta 1982 había que explicar lo que no éramos. Ahora es muy sencillo.

-La Obra, ¿vive un momento dulce?

-Es un momento dulce, sereno y optimista. Hay un momento de expansión. Cuesta que haya gentes que se incorporen a vivir con plenitud su fe cristiana, pero no ha disminuido el número de fieles de la Obra, aunque el crecimiento ha sido lento. La Prelatura está asentada.

En el fondo, los grandes mensajes de los populismos coinciden con el espíritu cristiano

-Pero si ser católico no es fácil, ser del Opus…

-Esencialmente, un hombre del Opus Dei no se distingue de un católico. La diferencia está en el espíritu que conlleva a vivir esa vocación cristiana de una manera específica, en este caso, buscar la santidad a través del trabajo ordinario. Un buen católico no se separa en absoluto de una persona del Opus.

-Pero sigue habiendo gente que no quiere reconocer que es de la Obra.

-La verdad es que yo no me la he encontrado. Igual en las personas más jóvenes sí, para que no les consideren distintos del resto. Sí pudo haber complejos en alguna etapa, pero ahora son otros tiempos.

-¿Cuál es su labor como vicario?

-La de velar por que los fieles de la Prelatura sean coherentes con su fe, ayuden al bienestar de las familias, de la sociedad, desarrollen la doctrina social de la Iglesia…

-¿Cómo son las relaciones con los obispos?

-No hay ninguna colisión en la jurisdicción con el obispo diocesano. Hay una cercanía muy grande. Nosotros estamos para ayudar.

-Su modelo de enseñanza provoca muchas críticas por su opción por la educación diferenciada.

-No tenemos nada en contra de la educación mixta. Es una opción de libertad. Lo que no me gusta es un modelo único. El pluralismo también es muy del espíritu del Opus Dei. Dejemos que los ciudadanos se organicen ellos y facilitemos que si lo quieren, tengan una educación de este tipo. No les pongamos tantas trabas porque a veces a base de poner trabas acabamos teniendo colegios en los que hay que cobrar porque son privados, al quitarte el concierto. Pero no puede ser que por falta de recursos una familia no pueda llevar a sus hijos a estos colegios. Para eso tenemos nuestro sistema de becas y ayudas.

-¿Le preocupan los populismos que recorren Europa?

-Confiemos en que se abra paso el sentido común y el buen hacer. En este terreno, los católicos tenemos mucho que aportar a la sociedad española. Impregnar de amor verdadero y de libertad responsable todas las actividades del mundo. Que se interiorice la necesidad de la ética profesional ineludible para la convivencia y el progreso. Es el reto de los católicos para llevar de la mano estos fenómenos que carecen de doctrina sólida, pero que no dejan de decir cosas interesantes. En el fondo, estos grandes mensajes, coinciden con el espíritu cristiano. Ya lo dijo San Josemaría: «Amad al mundo apasionadamente».

Entrevista publicada en ABC Castilla y León, 22-1-2017

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