Un corazón grande

El 12 de diciembre falleció en Roma, Mons. Javier Echevarría, prelado del Opus Dei desde 1994, año en que sucedió al Beato Álvaro del Portillo al frente de esta institución de la Iglesia católica. D. Javier Echevarría tenía un corazón grande, un corazón de pastor, que se interesaba por las vicisitudes de la Iglesia universal, por tantos retos y necesidades sociales y por los fieles del Opus Dei de todo el mundo. Desde el principio de su ministerio como prelado, tuvo como prioridades la evangelización en los campos de la familia, la juventud y la cultura. Recordar la relación que mantuvo con Asturias no es, sin embargo, empequeñecerlo.

El hecho cierto es que entre 1975 y 1990 acudió casi todos los años a la finca Solavieya, en Granda (Gijón), acompañando durante algunas semanas del verano al beato Álvaro del Portillo, en lo que éste llamaba “descansar trabajando”. Juntos acudieron en numerosas ocasiones a Covadonga, y a otros lugares dedicados a la Virgen: La Virgen de la Cueva, en Infiesto; Nuestra Señora de la Peña de Francia en la parroquia gijonesa de Deva; Nuestra Señora de la Providencia en Gijón; La Virgen de La Barca, en S. Vicente de la Barquera (Cantabria), etcétera. También veneraron el Lignum Crucis en Santo Toribio de Liébana (Cantabria).

Aparte de estas salidas para rezar, a lo largo de esos años pudieron visitar Oviedo (el prerrománico y la Catedral), Cudillero, el Cabo Peñas, el Puerto de Avilés, el Mirador del Fito, Luarca, etcétera.

En su estancia en Granda en 1990, Javier Echevarría sufrió un importante infarto de miocardio, del que fue atendido de urgencia en el Centro Médico de Asturias. Quienes le trataron en aquellas fechas recuerdan su serenidad ante la enfermedad y su interés por las personas que le atendían. Mons. Echevarría, que mantuvo un ritmo de trabajo muy intenso como prelado del Opus Dei, viajando a los cinco continentes para impulsar el trabajo apostólico de los fieles de la prelatura, no volvería a Asturias para “descansar trabajando” hasta el verano de 1998. Me cupo la suerte en aquella ocasión de prestarle algunos servicios. Pude comprobar personalmente en aquella ocasión lo que he oído a otras personas: su simpatía y cercanía, su cariño verdaderamente paternal y la alegría que expresaba por el puro hecho de estar con un hijo suyo.

Sin embargo, la presencia más destacada del recién fallecido prelado del Opus Dei tuvo lugar en 2008. Con motivo del Año Santo de la Cruz que promulgó el entonces arzobispo de Oviedo, Mons. Carlos Osoro, fueron invitados a participar en el jubileo diversos obispos. Mons. Echevarría se encontraba entre ellos y acudió a Asturias del 4 al 6 de julio.

El viaje, que comenzó con la visita a la Santina en Covadonga, fue de pocos días, pero muy intensos. El acto central fue la misa celebrada en la catedral en la tarde del sábado 5 de julio, que congregó a varios centenares de fieles y simpatizantes del Opus Dei. En su homilía, Mons. Echevarría animó a quienes le escuchaban a no reducir la figura de Jesucristo a un mero personaje histórico, sino a llegar a un trato íntimo y personal con Él. También invitó a los asistentes, como era su costumbre, a rezar por el Papa, entonces Benedicto XVI. El prelado del Opus Dei tuvo, además, la oportunidad de conocer de la mano de D. Carlos Osoro la Cámara Santa.

Aprovechó esa breve estancia en el Principado para reunirse con diversos grupos de hombres y mujeres a quienes transmitió su entusiasmo evangelizador, de una manera optimista y muy esperanzada. Quienes le acompañaron de cerca esos días destacaron el intenso ritmo de reuniones y visitas que desplegó, así como el interés concreto que manifestó por personas aquejadas por enfermedades o que atravesaban otras circunstancias dolorosas.

Termino esta sencilla crónica con unas palabras que Mons. Echevarría pronunció en su despedida de Asturias en 2008: “He vivido estas jornadas como una gracia de Dios, y he tenido la ocasión de recordar el paso por esta tierra de san Josemaría Escrivá de Balaguer, fundador del Opus Dei, quien manifestó siempre su amor a la Santina de Covadonga, a cuyos pies he puesto las intenciones del Santo Padre, Benedicto XVI, y las necesidades de todos los asturianos”.

Obituario de Francisco Santamaría en El Comercio

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