“Una Iglesia pobre y para los pobres”

Durante la pasada semana Don Joan Carreras, que durante años desarrolló una amplia labor pastoral en Valladolid, ha participado en unas Jornadas sacerdotales en Tordesillas.  Recientemente, en el blog “blogerosconelpapa” ha publicado un artículo que reproducimos por su interés.

¡Cómo me gustaría una Iglesia pobre y para los pobres!”. Esta frase, dicha con el corazón en la mano, fuera de todo discurso preparado, ha sido la comidilla en las redes sociales y en los medios de comunicación.

¿Qué ha querido decir el Papa Francisco? ¿Cómo interpretar sus palabras? Hay dos modos de hacerlo que me parecen inviables.

El primero es el de quienes interpretan la pobreza en clave sociológica y económica. Ésa fue la vía que siguieron muchos en los años inmediatamente sucesivos al Concilio. Ésa fue la teología de la liberación. Ése fue el camino que llevó a comprender la Iglesia desde una perspectiva chata y horizontal. La Iglesia samaritana. Una Iglesia que debería desembarazarse de todas sus posesiones y riquezas y donarlas a los pobres. Con los tesoros del Vaticano se acabarían los males del planeta.

En su primera homilía -la que pronunció el jueves 14 de marzo- el Papa dejó muy claro que la Iglesia no es una ONG y que su misión no es la de salir al encuentro de las necesidades económicas de los pobres. No es que excluyera las ayudas materiales, pero en todo caso subrayó que su misión es espiritual: confesar a Cristo y a éste en la Cruz.

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El segundo modo de interpretar las palabras del Papa consistiría en emplear exclusivamente una noción ascética de pobreza. Pobres serían aquellos que viven el desprendimiento cristiano. La pobreza de la que hablaría Francisco es una virtud moral que nada tendría que ver con el hecho de tener o no tener medios económicos. La virtud de la pobreza sería una cuestión espiritual y ascética. Un supermillonario podría ser mucho más pobre que un mileurista vicioso y apegado a sus pocos bienes. No se puede juzgar por las apariencias.

Los que añoran el período postconciliar y manipularon las enseñanzas del Concilio para emplearlas con fines políticos y revolucionarios intentarán quizá apoderarse de las palabras del Papa Francisco para un proyecto pastoral evidentemente fallido y estéril.

Los que están bien como están en la actualidad, se sentirán incómodos con las palabras del Papa, porque pensarán que supone un cambio de concepto de pobreza; un abandono de la noción ascética y espiritual.

Sin embargo, es evidente que cuando el Papa habla de los pobres no está utilizando una expresión ascética, sino un concepto que es evidente para todos. Hay que encontrar lo que los escolásticos llaman el analogado principal (anologatum princeps) y los sociólogos el paradigma: comúnmente se entiende por pobre aquel  “Que no tiene lo que necesita para vivir o desarrollarse o tiene muy poco” (1). Olvidarnos de esta noción común, sustiyéndola por una de naturaleza espiritual, podría ser una manera de escamotear las exigencias de justicia que hay en el mundo. El ejercicio de la caridad comienza por satisfacer las exigencias de la justicia.

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Joan Carreras

Pero el paradigma no escluye ninguna de las formas de pobreza que se contiene en ese nombre: el Papa Francisco ha hablado recientemente al cuerpo diplomático acreditado ante la Santa Sede y ha vuelto a retomar este argumento central en su pontificado y que ha sido la razón por la que ha adoptado el nombre de Francisco:

“Como saben, son varios los motivos por los que elegí mi nombre pensando en Francisco de Asís, una personalidad que es bien conocida más allá de los confines de Italia y de Europa, y también entre quienes no profesan la fe católica. Uno de los primeros es el amor que Francisco tenía por los pobres. ¡Cuántos pobres hay todavía en el mundo! Y ¡cuánto sufrimiento afrontan estas personas! “

 

No cabe duda: la Iglesia pobre está al servicio de los pobres en un sentido paradigmático y no sólo espiritual. Los pobres del llamado tercer mundo y también los pobres del mundo occidental:

“Pero hay otra pobreza. Es la pobreza espiritual de nuestros días, que afecta gravemente también a los Países considerados más ricos. Es lo que mi Predecesor, el querido y venerado Papa Benedicto XVI, llama la «dictadura del relativismo», que deja a cada uno como medida de sí mismo y pone en peligro la convivencia entre los hombres. Llego así a una segunda razón de mi nombre. Francisco de Asís nos dice: Esfuércense en construir la paz. Pero no hay verdadera paz sin verdad. No puede haber verdadera paz si cada uno es la medida de sí mismo, si cada uno puede reclamar siempre y sólo su propio derecho, sin preocuparse al mismo tiempo del bien de los demás, de todos, a partir ya de la naturaleza, que acomuna a todo ser humano en esta tierra.”

Sin embargo, ¿qué significa el adjetivo pobre cuando se predica de la Iglesia? El término pobre, ¿debe usarse en ese sentido paradigmático o común? Supongo que no tardaremos mucho en poder responder a esta pregunta con palabras del mismo Papa Francisco. Seguro que lo explicará. Sin embargo, en espera de ese momento, yo prefiero señalar que aquí debemos usar el término escriturístico de la pobreza espiritual.

 

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Recomiendo la lectura de unas páginas magistrales del Papa emérito Benedicto XVI, en su libro Jesús de Nazaret: escojo estas palabras que muestran la evidencia: que el concepto de Iglesia pobre no es una novedad teológica. “La Iglesia en su conjunto debe de ser consciente de la necesidad de seguir siendo reconocible como la comunidad de los pobres de Dios” (2). Aquí no estamos empleando un concepto sociológico: los pobres de Dios son aquellos que viven las bienaventuranzas y tan pobres son los que carecen de todo como aquellos que son ricos en propiedades pero viven una vida austera al servicio de los demás. Los que viven el espíritu del Padrenuestro: que viven y se alimentan de la Palabra de Dios y del pan de cada día. Los que tienen las manos vacías y se presentan así ante Dios: porque todo lo dan y todo lo esperan recibir de Él.

En todo caso, lo que tengo yo absolutamente claro es que el Papa Francisco no emplea de manera dialéctica el término pobre, para confrontarlo y oponerlo a los ricos. Los problemas de este mundo no se arreglan con revoluciones, intentando quitar el dinero de los ricos para dárselo a los pobres. La solución está en la conversión del corazón y en ser pontífices, es decir, personas que tienden puentes y  construyen paz. Estas palabras de Francisco están dirigidas al cuerpo diplomático, pero nos las podemos aplicar todos: “La lucha contra la pobreza, tanto material como espiritual; edificar la paz y construir puentes. Son como los puntos de referencia de un camino al cual quisiera invitar a participar”.

Joan Carreras

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(1) Voz Pobre en Wordreference
(2) Benedicto XVI, Jesús de Nazaret, Madrid 2010, p. 105.

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