24 horas juntos

Celebramos hoy, 14 de Febrero, el 86 aniversario del momento en que San Josemaría vio que Dios quería que hubiera mujeres en el Opus Dei. Miriam Posadas nos cuenta cómo compagina su vida familiar con el trabajo profesional al lado de su marido Manolo.

Me llamo Miriam, soy vallisoletana de nacimiento, estoy casada y tengo cuatro hijos varones. Puedo decir que mi vida es una vida como la de cualquier otra madre de familia, pero con una “pequeña-gran diferencia”: procuro meter a Dios en cada una de las actividades de mi vida diaria. Y como empresaria, procurando compatibilizar la vida profesional con la familiar y social.

Miriam con su marido e hijos

Miriam con su marido e hijos

Mi jornada comienza a las siete de la mañana cuando me levanto, un ratito antes que el resto de mi familia, para poder hablar unos instantes con Dios, y bien digo unos instantes, porque esa media hora que dedico a hablar con Él,  se me pasan volando y me parecen cinco minutos. De ahí saco las fuerzas para afrontar cada jornada.

Disfruto mucho en mi trabajo y tengo la suerte de trabajar con mi marido. Quizás la gente pueda pensar que es complicado compartir juntos todo el día,  pero para mí supone un reto desarrollar mi vida profesional junto él. Me es fácil hacerlo, porque en el momento que entro en nuestro despacho “cambio el chip”, y me convierto en una profesional, en una compañera más, que intenta cumplir con su trabajo buscando la excelencia, y ofreciéndoselo a Dios. Además busco el ponerme al servicio de los demás, sabiendo que puedo aprender de todos. Y cuando en ocasiones me cuestan las cosas, miro al crucifijo que tengo en mi mesa de trabajo, pido ayuda al Señor y si he fallado, vuelvo a empezar.

Miriam en la oficina

Miriam en la oficina

Para mí, la sonrisa y la amabilidad son esenciales para hacer más agradable el trabajo a los demás, y esa misma actitud procuro mantenerla al llegar a casa con mi familia. Es una de las cosas que he aprendido de San Josemaría y que él lo llamaba así: “tener unidad de vida”,  es decir, saber que las tareas de la casa, la educación de los hijos, el trabajo profesional, la relación con mis amigas, forman un todo en mi vida, y en la que procuro meter a Dios en ella, para poder afrontarla con paz, alegría y serenidad.

Hace ya treinta años que pertenezco al Opus Dei. Y fue un treinta de Mayo en que la Virgen – en el Santuario de Torreciudad – me ayudó  a decir que “SI” al Señor. Con el paso de los años me doy cuenta de la suerte que tengo, porque el trato con Dios me ha hecho madurar interior y exteriormente. He aprendido a valorar cada pequeño detalle, a saber dar importancia a lo que lo tiene, y a saber apreciar las cosas en su justa medida. Y a darme cuenta de que cuanto más abrazo la cruz y la acepto con alegría soy más feliz. Por eso me gustaría que todo el mundo se encuentre con Dios, por el camino que sea, para vivir una vida plena y feliz.

Fdo.: Miriam Posadas Dávila