¿En qué podemos echar un cable?

Esta pregunta lanzada por varias universitarias de la Asociación Dobra de Santander, fue el detonante para ponernos manos a la obra y ver qué tipo de ayuda podíamos ofrecer. Al final nos decidimos por el Banco de Alimentos, ya que otras opciones que barajamos, como acompañar a gente mayor en las residencias, sigue estando complicado por la situación del Covid,19.

Echar una mano solidaria se puede hacer de muchas maneras. Hoy en día, hay muchas familias que pasan por momentos de dificultad económica, especialmente tras la pandemia, y ayudar a quien les ayuda, nos da la seguridad de acertar si queremos aportar nuestro grano de arena.

En ese empeño se emplea un grupo de universitarias de Cantabria a través de la Asociación Dobra. “¿En qué podríamos echar un cable?”, se preguntaban a la vista del panorama. Y pensaron en el Banco de Alimentos, ya que otras opciones, como acompañar a personas mayores en residencias, era más complicado por la situación sanitaria provocada por el Covid’19.

Mari, una de las coordinadoras de la actividad, recuerda que cuando se pusieron en contacto con la ONG, les dijeron que podían colaborar haciendo las cajas de alimentos que luego se distribuyen entre familias e instituciones de toda la región, y les pareció “un plan estupendo y al alcance de todas”.  Para ello, había que trasladarse hasta la gran nave almacén del Banco de Alimentos cerca de Torrelavega, y allí comenzaron a trabajar en el mes de marzo.

Ujué repasa la lista de las familias a las que les harán llegar esos alimentos

Sábados solidarios

Habitualmente participa un grupo de diez estudiantes de carreras muy variadas, Medicina, Educación, Psicología, Física… y de varias nacionalidades, además de la española: cubana, mejicana y marroquí.

Aprovechan parte de su tiempo libre para realizar esta tarea manual, así lo cuenta Mari: “Vamos los sábados por la mañana, y nuestro trabajo es reunir los alimentos en las cajas que se envían a familias o instituciones. Hay una persona que coordina el trabajo, una de nosotras, que tiene la lista de cajas que hay que hacer, y de alimentos con los que hay que llenarlas”.

Lupe es otra de las universitarias que participa en esta actividad, es estudiante de Psicología, y desde hace años participa en las iniciativas de voluntariado que se llevan a cabo desde la Asociación Dobra: “Cuando Mari me comentó que estaba en marcha este proyecto, decidí participar, porque me gusta hacer voluntariado, me parece que me aporta mucho en primer lugar a mí, ya que ves la situación en la que pueden estar los demás. Además, te da una satisfacción muy grande porque puedes ayudar a otras personas, aunque sea haciendo poco”.

Mucho más que cajas

“El trabajo es contar y empaquetar, la gente se centra y está a lo que tiene que estar, hay que contar cajas, kilos… necesitas concentración y también significa un importante esfuerzo físico”, describe Mari. Lo dirigen ellas mismas, siguiendo las pautas que les enseñaron desde el Banco de Alimentos: una de ellas, lista de pedidos en mano, va ‘cantando’ lo que debe tener cada caja y el resto, distribuidas por las distintas zonas del gran almacén, la de bebidas, la de pasta, de higiene, etc., y así van completando las cajas.

A veces son grandes pedidos porque van destinados a parroquias o instituciones. Cada sábado pueden llegar a completar hasta cien cajas, “Y así estamos toda la mañana”, resume.

Pero, a través de ese esfuerzo, hay otras cosas importantes que van surgiendo: “el ambiente con el resto de las voluntarias es muy bueno. Algunas íbamos juntas a clase, y es volverse a reencontrar para hacer algo bueno juntas. Lo pasamos muy bien, aunque esta colaboración también te ayuda a darte cuenta de que hay familias que lo están pasando bastante mal”, asegura Lupe.

Los alimentos que se introducen en cada caja, dependen de los pedidos que haya, y estos se elaboran en función de los miembros de cada familia y de sus edades. Si hay niños siempre hay chocolatinas y productos para ellos, pero en general para una familia de cuatro miembros se empaqueta leche, harina, azúcar, aceite, arroz, pasta, galletas, bebidas, latas, legumbres… y también se añaden productos de higiene personal. Las cajas destinadas a parroquias o instituciones son más grandes ya que ellos lo distribuyen a su vez. En su elaboración pueden tardar dos horas.

Lupe, otra de las voluntarias de la Asociación Dobra

Tomar conciencia

Ujué también coordina la actividad. Su experiencia a lo largo de estos meses es que la iniciativa les ha gustado a las universitarias y “han visto también que es un voluntariado que no conlleva implicación emocional con la gente. Eso en estos momentos, y para determinadas personas, es algo positivo. Sin embargo, no deja de ser un voluntariado efectivo”.

La clave está simplemente en la cifra de las familias que recibirán un pedido, “ahí ves que hay mucha gente con necesidad y las voluntarias se dan cuenta de que hay dificultad para llegar a fin de mes”. Además, se ve la solidaridad de la sociedad, de las personas y grandes superficies que ayudan con sus donativos: “Donan mucho, el almacén está bastante lleno. En general ves bastantes aportaciones y que la gente sí que da”.

El Banco de Alimentos ha celebrado recientemente su “Gran Recogida de Alimentos”, que este año ha solicitado preferiblemente aportaciones económicas.

En Cantabria ha recaudado 170.000 euros gracias a la ayuda de la sociedad cántabra, una cantidad que luego se transforma en esas cajas de alimentos que aliviarán a muchas familias y que elaboran de forma altruista personas voluntarias, como las universitarias de la Asociación Dobra.