Garrotep

Bullicio, alegría y mucho cariño

La salmantina Mª José Garrote reside en Zamora desde que se casó. Es madre de once hijos. Juan, el mayor, cumplirá en junio 22 años e Itziar, la más pequeña, está a punto de cumplir los 2. Junto con su marido, Javier, disfrutan de una gran familia en la que siempre hay bullicio, alegría, generosidad y mucho cariño.

¿Cómo se define María José Garrote?

-Lo que mejor me define es ser esposa y madre. Desde muy pequeña tenía muy claro que mi vocación era casarme y formar una familia, aunque nunca me imagine que iba a ser tan numerosa.

 

¿Desde cuando es del Opus Dei?

-Pertenezco a la Obra desde los 19 años y cada día doy gracias a Dios por esta vocación. He tenido la suerte de crecer en el seno de una familia cristiana, mis padres eran de la Obra y dos de mis hermanos también.


¿Qué aspecto le atrajo más de la espiritualidad del Opus Dei?

-Lo que más me sedujo fue el sentido que se le da al trabajo, al estudio en mi caso en aquella primera época, como cauce para llegar al cielo. Siempre he sido una persona trabajadora y responsable, pero desde que soy de la Obra ya no sólo trabajo por trabajar, sino que lucho por ofrecérselo a Dios, y eso me ayuda a mantener ese esfuerzo que requiere cualquier trabajo, sea manual o intelectual.


¿Cómo conoció a su marido?

-A través de su hermana Begoña con la que coincidí en un curso de retiro. Al poco tiempo ella vino a Salamanca a hacer su carrera universitaria, y volvimos a coincidir y salir juntas. Un día  me lo presentó y, ahí empezó una relación muy bonita que me llevó a decidirme a compartir  mi vida con él. Me casé muy joven, a los 23 años, nada más terminar mi carrera de Derecho. Recuerdo que mi hermana Teresa me recogió la última papeleta el día mismo de la boda!

 

 

Ser madre de once hijos es un testimonio importante en la sociedad en la que vivimos. ¿Qué consejos daría a los que no lo entienden y se asustan?

-La cuestión fundamental está en vivir cada día con generosidad, en discernir cuáles son las prioridades que das a tu vida, saber diferenciar si lo que buscas es tu propia satisfacción o entregarte a ellos. Hay una cosa que tengo muy clara, las cosas materiales no llenan el corazón, ni lo sacian porque siempre queremos más.     

En mi caso, mi familia es una gran fuente de satisfacción, y aunque mi trabajo es oculto y no brilla por fuera, sé que mi marido y yo estamos construyendo algo importante.

 

Con una familia tan numerosa, ¿cómo se organizan los padres?, ¿delegan algunas labores en los hermanos mayores?

-En casa colaboramos todos. Mi marido es abogado y trabaja mucho para sacar adelante “tantas bocas”. Me apoya y me ayuda en la medida que puede. En nuestra casa tenemos instituida la “reunión familiar”, en ella hacemos un repaso de cómo van las cosas para corregir –por ejemplo, allí establecimos una hora de televisión después de comer suprimiendo la de la noche-, para organizar los encargos. Manuel, de 12 años, se levanta conmigo muy pronto para preparar el desayuno para todos. Ana, de 15, es la encargada de la plancha. Javi, de 18,  pone el lavaplatos y María, de 17, se encarga de recogerlo. Carlos, de 13, pone la mesa y hasta Itziar, de 2 años, colabora tirando el pañal en la basura, así entre todos construimos nuestro hogar.

 

¿Qué valores y actitudes considera que son necesarios inculcar en la educación de los niños en nuestros días?

– Un día me contaron que le habían preguntado a una de mis hijas qué era lo mejor que tenía,  y  que contestó sin pensarlo ¡mis hermanos!

Pienso que es importante inculcarles la generosidad y el valor del sacrificio por el otro, no sólo que den cosas materiales, sino dar de su tiempo, que sepan escuchar a los demás, jugar con ellos, etc. Esto no lo enseñamos,  sino que lo aprenden porque lo ven y lo experimentan.

Y en el seno de una familia cristiana transmitir que Dios es lo primero de todo; que se acostumbren a bendecir la mesa, a dar gracias, a pedir a la Virgen cuando rezan por las noches por personas concretas. etc.

 

Cuéntanos algunas anécdotas de una familia tan numerosa.

– Una hija mía venía del colegio con la bolsa de caramelos de un cumpleaños intacta, cuando sus compañeros se lo habían tomado todos. Y le pregunté ¿no te gustan?,  me dijo: ¡es que son para compartir!

Otras costumbres que vivimos son los cumpleaños y las vacaciones. Una vez se me ocurrió celebrar los cumpleaños de una manera especial y les gustó tanto, que ahora lo hacemos siempre así. Lo que hacemos es adornar una habitación con una temática determinada, la que más le guste al homenajeado (animales, pintura, el señor de los anillos, etc.) y entre todos le organizamos una fiesta inolvidable.

Hace cuatro años empezamos a salir de vacaciones y alquilamos una casa rural. Ha sido una experiencia increíble, convivir en un ambiente relajado, distendido, alejados del ritmo de los colegios, disfrutando de inolvidables momentos juntos, como nuestras partidas de cartas nocturnas, los juegos durante el día, las rutas…