Hungriap

Con discapacitados en Hungría

Miriam Bachiller Camacho, estudiante de 4º de la ESO del colegio de San José y voluntaria de la Asociación juvenil Trechel, nos relata su viaje a Hungría con la frescura de la primera vez que va a hacer este tipo de actividad en un Centro de discapacitados psíquicos en Diósjenö.

El pasado dieciocho de julio, 35 chicas procedentes de diferentes lugares de Castilla y Léon emprendimos el viaje rumbo a Hungría, aunque en realidad para todas nosotras comenzaba días antes con los preparativos, los nervios y con nuestra imaginación intentando imaginar cómo sería todo aquello, aquellas personas con las que íbamos a convivir y conocer durante doce días intensos e  inolvidables. Unas ya se conocían y otras no. Unas ya habían hecho algo parecido, pero para otras -como es mi caso-  era la primera vez.

 

Llegó  ¡POR FIN! el día esperado y con los nervios emprendimos el viaje hacia nuestra aventura en Hungría. Cada grupo, se las ingenió para llegar a Budapest, unas en avión, otras en bus…Después del trayecto hacia Hungría, ya en tierras húngaras nos empezamos a conocer todas. A pesar del largo viaje, no parecíamos cansadas, pero teníamos que recargar fuerzas porque nos esperaban unos días de trabajo duro.

Antes de empezar nuestra labor de ayuda, tuvimos cuatro días intensos en los cuales nos recorrimos Budapest de arriba abajo y nos empapamos de su historia, cultura, arte, …. Conocimos y descubrimos grandes monumentos que tuvieron gran importancia en el pasado, como por ejemplo: el parlamento, la isla margarita, la sinagoga, la casa del terror, entre otros.

 

A continuación de estos cuatro días, en los cuales no paramos, llegaba la parte que esperábamos con ilusión: El lunes  22 partimos hacia Diósjenö un pueblo necesitado al norte de Budapest, no muy lejos de donde nos encontrábamos.

Durante esos días todas nosotras teníamos una gran misión en un instituto llamado Dr. Gollesz Viktor Rehabilitációs Intéret de gente discapacitada y con problemas la cual era ayudarles y darles todo el cariño que pudiéramos.

Esos días fueron muy intensos y cansados, pero a la vez llenos de emociones. La verdad es que cabe destacar "lo de cansadas",   ya que entre otras cosas teníamos que andar alrededor de 8 kilómetros diarios en los cuales siempre nos acompañaba el sol rondando los 40 grados y esto hacía el camino más largo,  pero aun así no se nos quitaron las ganas de cumplir nuestros objetivos.


Durante esa semana dimos lo mejor de nosotras y siempre con una sonrisa. Nos dividimos las tareas, las cuales íbamos rotando cada día, y eran: jardinería, limpieza en diferentes partes del instituto, pintar vallas, hacerles  compañía, darles  de comer y tiempo de ocio en los cuales cantábamos, bailábamos y jugamos con ellos. Fueron unos días increíbles, que mantengo viva en mi memoria.

 

Esta experiencia de voluntariado me ha ayudado a madurar, he aprendido que no es sólo dar y darme es ayudar, sino que he recibido mucho, como a priorizar los valores más importantes y a ver una nueva cultura de igualdad y solidaridad.

Fundamentalmente aprendí que muchas de las personas que estaban ahí, las cuales tenían problemas, pese a eso "eran felices", nos demostraban que nosotras no teníamos ninguna barrera para serlo tampoco.

 Acabamos este viaje, con una visita al codo del Danubio, con un paisaje precioso y también visitamos la Basílica donde tuvimos un tiempo de encuentro personal con Díos y de oración.

El día 30, día que no queríamos que llegara y que se iba acercando cada vez más rápido, llegaron las despedidas, dejar Hungría atrás y separarnos de aquellas personas con las que convivimos esos 12 días, pero no era un adiós, si no un hasta pronto, tocaba la vuelta a casa.

Si me dijeran si quisiera repetir esta experiencia, no lo dudaría ni un segundo, la repetiría miles de veces y no me cansaría.

Como he dicho antes, sólo espero que no sea un adiós,  sino un hasta pronto Hungría.