Diálogo desde una fotografía en blanco y negro

“Un recuerdo de don Tomás Gutiérrez en su Colegio de Lourdes de Valladolid” (Por Javier Burrieza)

Siempre he tenido como un tesoro una bella fotografía en blanco y negro de los congregantes marianos del Colegio de Nuestra Señora de Lourdes de Valladolid, dirigido por los Hermanos de La Salle o de las Escuelas Cristianas desde su fundación en 1884. La escena la podíamos datar en el tránsito de los años treinta a los cuarenta. Los muchachos se retrataron —como se decía entonces— con gran solemnidad en el jardín del centro, que se convierte en ribera del Pisuerga. La razón de este aprecio era la presencia de mi padre y, naturalmente, la explicación que él siempre me hacía de la misma, con el nombre y apellido de cada uno de sus compañeros, escritos con la tinta de las antiguas máquinas de escribir al dorso. A su lado se sentaba el que habría de ser el periodista Pablo Irazazábal y dos puestos más allá otro compañero, dos años más joven que él, Tomás Gutiérrez Calzada. Me indicó que este último se había ordenado sacerdote, pertenecía al Opus Dei, donde desempeñó cargos de gran responsabilidad. Con los años yo me convertí en el historiador que soy, mi padre ya no estaba a mi lado pero yo debía escribir un libro sobre la Historia de este Colegio de Lourdes —que también fue el mío durante doce años—, con motivo de los ciento veinticinco años de su fundación. Recordé en mi memoria los apuntes de mi padre y, cuando investigué sobre los sacerdotes que habían estudiado en el colegio, localicé a aquel joven espigado que aparecía en mi fotografía: don Tomás Gutiérrez Calzada, y así pude hablar con él.

Sin olvidar aquel año de 1954 en que celebró su primera misa, el que fue vicario del Opus Dei en España por espacio de dieciocho años y desde 1984, recordaba algunos rasgos de sus años como alumno de los Hermanos de La Salle. No olvidaba a su primer profesor, el prestigioso H. Enrique, que les enseñaba el secular catecismo del padre Astete, un jesuita del siglo XVI. Según me confesó en aquella conversación telefónica, convertida en entrevista de un ilustre antiguo alumno “del Lourdes”, en la elección de su vocación sacerdotal, además del ambiente familiar, influyeron las iniciativas religiosas impulsadas por el colegio: los Ejercicios Espirituales de 4º curso y final de bachillerato; la facilidad de la confesión semanal; la devoción a la Virgen de Lourdes; y la devoción eucarística a través de las congregaciones —a ellas correspondía mi fotografía—. Cuando había comenzado a estudiar derecho en la Universidad,  conoció por un amigo el Opus Dei, en la casa de “El Rincón” de la calle Montero Calvo. Y eso que Tomás Gutiérrez era alumno del colegio cuando san Josemaría Escrivá de Balaguer visitó este centro para realizar un retiro destinado a universitarios y a miembros de Acción Católica. Fue una de las sesenta y una estancias que realizó el fundador aragonés en los primeros años cuarenta a Valladolid. Sin embargo, cuando estuvo en “el Lourdes”, Tomás Gutiérrez no le conoció.

Años después don Tomás residió en Roma y recordó con Escrivá de Balaguer esta visita al colegio vallisoletano de los Hermanos, a su colegio. Permanecía en la memoria del santo aquella águila enjaulada del jardín que le inspiró una homilía recogida en su libro “Es Cristo que pasa”: “Vi un águila encerrada en una jaula de hierro [muy cercana al lugar de la fotografía de los congregantes]. Estaba sucia, medio desplumada; tenía entre sus garras un trozo de carroña. Entonces pensé en lo que sería de mí, si abandonara la vocación recibida de Dios”. La jaula todavía la conocí en los primeros años ochenta, el animal no, aunque fue muy famosa entre los alumnos de la posguerra. Precisamente, en los cuarenta, el sucesor y “mano derecha” de san Josemaría, Álvaro del Portillo, realizó en abril de 1945 unos Ejercicios Espirituales en este mismo colegio de Lourdes invitado por el director del mismo, el H. Celestino Pedro. Fueron, pues, recuerdos esbozados desde su memoria, entonces de ochenta y dos años, y el historiador que ayuda a clarificar y ordenar las fechas y los acontecimientos de la memoria. Había conseguido cerrar el círculo entre los recuerdos de mi padre y los de su compañero Tomás… recuerdos en blanco y negro y con sabor agradecido, por la educación recibida de aquellos maestros del colegio de Lourdes.

 

Javier Burrieza Sánchez

Universidad de Valladolid (1)

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(1) Entre las obras de este historiador, encontramos en 2009 el libro Stella in Castella. Historia del Colegio Nuestra Señora de Lourdes (1884-2009), con motivo de los 125 años de su fundación, y el artículo “Capellanes y sacerdotes en la Historia del Colegio de Lourdes”, Revista Unión, nº 253, curso 2010-2011, pp. 84-87.