Duni Sawadogo

Duni Sawadogo, premio 2021 de Harambee

La pandemia ha impedido que la científica marfileña Duni Sawadogo visite Valladolid para recibir el premio anual de la asociación Harambee

«Siempre he trabajado en lugares públicos con pocos medios materiales», cuenta Duni Sawadogo, 59 años, científica de Costa de Marfil que ha obtenido este año el premio Harambee a la promoción e igualdad de la mujer africana y que, de no haber sido por la pandemia, habría viajado a Valladolid para recibir el galardón y participar en una cena benefica con la que recaudar fondos para la ONG. Pocos medios, insiste, pero muchas ganas. «Un día decidí no quejarme y actuar, hacer todo lo posible para ayudar a las mujeres que querían dedicarse a una carrera científica, aunque no tuvieran los medios». Acabar con las brechas que en ocasiones son abismos. Ella, que fue la primera persona –la primera mujer– catedrática de Hematología Biológica en su país, ha aprovechado su formación y conocimiento para ayudar a otras mujeres con pasión por el saber. Quiere, con su experiencia, derribar barreras, prejuicios, caminar hacia la igualdad de conocimientos en Costa de Marfil.

–¿Y cómo lo hace?

–En África en general, y en Costa de Marfil en particular, es muy fácil darse cuenta de la suerte que supone nacer en una familia o en otra, en una casa o en la vecina, porque en una misma calle se pueden encontrar chabolas o mansiones. Cuando viajaba al interior del país, veía a niñas que vendían fruta junto a la carretera. Se acercan a las ventanillas de los coches y ofrecen lo que llevan. Y muchas veces me he preguntado por qué no estaba yo a su lado, con las frutas en la cabeza, en vez de sentada en un coche o en el autobús.

EL MERCADO DE MEDICAMENTOS FALSOS GENERA VEINTE VECES MÁS DE DINERO QUE LA VENTA DE HEROÍNA

–¿Ha encontrado la respuesta?

–Yo tuve la suerte de ser escolarizada.

–¿Por qué habla de suerte?

–Nací en una familia mixta, de padre musulmán y madre católica. Ambos intelectuales, de gran influencia social y forjadores de la identidad marfileña. Mi padre es ingeniero agrónomo, doctor en Geografía, fue ministro de Agricultura en el primer Gobierno independiente del país. A él se debe el conocido milagro marfileño: colocar a su país como el primer cultivador y exportador de cacao del mundo. Mi madre es matrona, licenciada en Derecho, pedagoga y promotora de centros educativos. También fue diputada del Parlamento. Somos siete hermanos y nuestros padres nos inculcaron valores como la laboriosidad, el respeto a las personas, la honestidad y el valor de la educación.

–La educación es un valor.

–Según el Banco Mundial, en 2019 había en el mundo un 41,6% de mujeres universitarias. En mi país, el 7,6%. Pertenezco a ese muy bajo porcentaje de mujeres marfileñas que tuvieron la suerte de ir a la Universidad. La Unesco estima que hay alrededor de 132 millones de niñas, de entre 6 y 17 años, que no están escolarizadas. Esto implica un estatus inferior, el mantenimiento de su pobreza, un mayor riesgo de enfermar. La escolarización tiene mucha importancia: supondrá que las mujeres tengan los mismos derechos y es el modo más perdurable para luchar contra la pobreza.

–¿Y afecta más a las mujeres?

–En las familias de renta media o alta, los varones y las mujeres tienen la misma tasa de escolarización. Sin embargo, en las familias pobres, el porcentaje de niñas con estudios baja. En mi país, en general, casi todos los niños tienen estudios primarios. En todos los pueblos hay al menos una escuela. Pero al llegar a secundaria… Solo hay institutos y liceos en las ciudades. Los niños tienen que dejar su casa, a su familia. Y a muchos padres les da miedo que sus hijas vayan solas. Muchas veces, ni siquiera tienen medios. Piensan que la escolarización secundaria de las niñas es como invertir sin provecho, porque, en el futuro, ellas dejarán a su familia para formar parte de otra. La mitad de los jóvenes que empiezan secundaria no la terminan y acaban ayudando a sus familias en el campo.

Para luchar contra esta situación, Duni Sawadogo ha creado un programa de formación y becas para mujeres universitarias que quieren dedicarse a la investigación científica. «Ahora en la Universidad tengo un equipo de ocho mujeres y tres varones. Es importante que haya mujeres que se dediquen a la ciencia para que puedan aportar sus valores: tenacidad, cuidado de lo pequeño, su inteligencia emocional.

–Otra de sus ramas de trabajo es la alerta sobre la venta de medicamentos falsos. 

–El tráfico ilegal de medicinas falsificadas o de baja calidad es un problema mundial, muy complejo. En Europa y EEUU son sobre todo anabolizantes, fármacos contra el dolor y la disfunción eréctil, vitaminas, afrodisiacos. En África, antibióticos y antipalúdicos.

–¿Cómo actúan estas redes?

–Usan estrategias distintas según los continentes. En Europa y América, el tráfico se hace por la venta por Internet. En África, en la calle o los mercadillos. En Abijan, la principal ciudad de mi país, está ubicado el mayor mercado de medicinas ilícitas del oeste de África.

–Es un negocio lucrativo.

–Se supone que genera veinte veces más dinero que la venta de heroína. Se calcula que la inversión de mil dólares produce 500 veces más. La OMS estima que alrededor de una de cada diez medicinas que se venden pueden ser resultado de este tráfico. China e India son los principales lugares de fabricación. Son redes criminales, transnacionales y opacas. Parece que nacieron después de la invasión americana en Irak en 2003. Aprovechan cualquier oportunidad. Mueven mucho dinero porque se adaptan a las necesidades de cada país. La policía en las aduanas, en los puertos y aeropuertos ya se está especializando en la lucha contra este tráfico.

–¿Por qué se compran estos medicamentos y no los legales?

–La pobreza. Estas medicinas se pueden vender comprimido a comprimido. Son más baratas que en la farmacia. La gente se cree que ahorra dinero, pero sus consecuencias son muy caras.

–¿Por qué?

–Ocasiona muchas muertes, ya que está en relación directa con la resistencia a los antibióticos y a los antipalúdicos y con una frecuencia mas elevada de insuficiencia renal. La Organización Mundial de la Salud estima que, cada año, 320.000 niños de menos de cinco años mueren en África por complicaciones relacionadas con la toma de medicación falsa o de baja calidad. Se calcula que alrededor de 170.000 por neumonía y 150.000 por el paludismo.

–Respecto a la covid, ¿pueden llegar vacunas falsas?

–Aquí, los últimos datos dicen que hubo 45.000 casos y 260 muertos. La campaña de vacunas empezó en marzo. Habían llegado 500.000 dosis de Astrazeneka. Y no creo que lleguen vacunas falsificadas. Es un tema muy sensible. Hay una estrecha comunicación entre los países. La OMS lleva unas estadísticas casi día a día. Todos los gobiernos siguen de muy cerca todo lo relativo a esta pandemia.

–¿En otras enfermedades no?

–El paludismo, por ejemplo, es una enfermedad que tiene una mortalidad muy alta y existe desde hace años. Pero es una enfermedad tropical y los estudios para la vacuna no están acabados. La rapidez del desarrollo de las vacunas contra la Covid nos enseña que África, en primer lugar, debe contar primero con los africanos y buscar sus propias soluciones a sus dificultades. Después nos podremos apoyar en la ayuda internacional. Por eso es tan importante el desarrollo de la enseñanza universitaria en África.

Entrevista de Víctor Vela, en el Norte de Castilla, 5 mayo 2021