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Encarnita en Valladolid 1973 – 1995

En septiembre de 1973 empezó a vivir en Valladolid, donde permaneció hasta su muerte, casi 25 años después.

Las que convivieron con ella recordaban que

“en Valladolid se sintió a gusto y congenió con sus gentes, aunque el modo de ser castellano puede resultar duro por ser muy llano y directo. Pienso que no le resultaría fácil pues su forma de ser era distinta, pero supo ver más allá de la apariencia y llegó al corazón de la gente castellana. Tuvo muchas amigas que le demostraron su cariño y le proporcionaron grandes alegrías; muchas de ellas, jóvenes y mayores, pidieron la admisión en la Obra y son vocaciones fieles”.
 
Seguía muy pendiente de su hermano, que vivía en Argentina y al que no había visto desde hacía muchos años, y de su sobrino. Sufrió ante su fallecimiento inesperado, aceptando la voluntad de Dios.

“La muerte de mi hermano -recordaba en una de sus cartas- fue repentina. Pero como tú dices- recogiendo las enseñanzas de nuestro Padre- el Señor escoge el momento y el modo mejor para cada uno. Ante esa realidad nuestro papel es aceptarla plenamente con total abandono y serenidad. Eso da un paz inmensa, aunque nos quita el dolor".
 
Una de las personas que la trataron entonces recuerda:

"La acompañé en varias ocasiones a visitar el convento de Olmedo, donde creo recordar falleció su hermana. Iba siempre ilusionada de ver el crecimiento de las vocaciones de religiosas, les pedía oraciones por la Obra. Les hacía llegar cuantas noticias supiera de la Iglesia. Algunas vocaciones llegaron al convento por su apostolado directo con esas chicas o sus familias”.