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Frutos de santidad en una familia cristiana

Encarnita Ortega Pardo nació en Puente Caldelas (Pontevedra) en 1920, en una familia cristiana de clase media -su padre trabajaba en Telégrafos- con tres hijos: Gregorio y dos hermanas, Teresa y Encarnita.

Encarnita Ortega Pardo nació en Puente Caldelas (Pontevedra) en 1920, en una familia cristiana de clase media -su padre trabajaba en Telégrafos- con tres hijos: Gregorio y dos hermanas, Teresa y Encarnita.

La Iglesia ha abierto la Causa de Canonización de Teresa y han comenzado ya los trámites para abrir la de Encarnita, dos hermanas que se esforzaron en identificarse con Cristo por dos caminos de santidad, mostrando la riqueza y variedad de la vida cristiana.

Teresa fue priora durante doce años del monasterio dominico Madre de Dios en Olmedo (Valladolid) y falleció el 20 de agosto de 1972 con fama de santidad. En 1999 se abrió su Causa de Canonización como "impulsora de la vida contemplativa". Para más información sobre la Madre Teresa María Ortega siga éste enlace.
 

Encarnita fue una de las primeras mujeres del Opus Dei, que colaboró decisivamente con el Fundador en el aliento apostólico y el gobierno del trabajo evangelizador de las mujeres del Opus Dei en los cinco continentes, llevando el ideal de la santidad en medio del mundo, santificando el trabajo, a miles de personas.

Esta realidad muestra de modo patente lo que recordaba Juan Pablo II, en la Exhortación Apostólica “Iglesia en Europa”: el futuro de la Iglesia y de la sociedad depende en gran medida de padres de familias genuinamente cristianos, que sepan hacer de sus hogares verdaderas iglesias domésticas; hogares de los que, si los hijos secundan la gracia del Espíritu, pueden salir frutos para toda la Iglesia.

El Papa pensaba en padres cristianos como los de Encarnita al hablar de “la santidad de tantos hombres y mujeres de nuestro tiempo. No sólo de los que así han sido proclamados oficialmente por la Iglesia, sino también de los que, con sencillez y en la existencia cotidiana, han dado testimonio de su fidelidad a Cristo. ¿Cómo no pensar en los innumerables hijos de la Iglesia que, a lo largo de la historia del Continente europeo, han vivido una santidad generosa y auténtica de forma oculta en la vida familiar, profesional y social?” Ellos nos recuerdan que la santidad es posible también “en los momentos más difíciles de la historia”.