El amor no se jubila

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A Fernando Ocáriz, no le gusta que le llamen el prelado rojo. Tal vez tenga razón. Pero es que lo es, le guste o no.

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Navidades “muy solidarias” en Enalba

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Desde la Asociación Juvenil Enalba de Gijón (www.enalba.com),

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“Sabias estrellas”: embajadores de los Reyes Magos para los ancianos

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December 2018

November 2018

October 2018

September 2018

El amor no se jubila

A Fernando Ocáriz, no le gusta que le llamen el prelado rojo. Tal vez tenga razón. Pero es que lo es, le guste o no. Tuvo que huir de España, en plena guerra civil; nació en el exilio parisino, de padres republicanos y no se cansa de denunciar el rostro de la pobreza, desde «el drama de los refugiados, a la miseria de buena parte de la humanidad, como consecuencia de injusticias que claman al cielo». A Monseñor Ocáriz le duelen y se duele con los problemas de la mujer y el hombre de hoy, tal y como deja claro en «A la luz del Evangelio».
La nueva obra del prelado del Opus Dei —al igual que las anteriores—, es un conjunto de textos, en la línea de la Misericordia, marcada desde el minuto cero de su Pontificado por el jesuita Jorge Mario Bergoglio. Fernando Ocáriz hace un llamamiento «a llenar de humanidad el mundo de las profesiones, la sociedad civil, las familias y la vida corriente y moliente». Y reclama «una vida que no se reduzca a la sola superación moral o ética, sino a un horizonte de amor infinito». Se trata, como digo, de pensares y sentires en los que este hombre, al frente de un movimiento universal de fieles extendido por los cincos continentes, separa el trigo de la paja y reivindica que «lo bueno, si breve, dos veces bueno». «Misericordia, perdón y no juzgar a las personas», recomienda, como un mantra.
Al Papa Francisco, a quien gusta insistir que la homilía de clérigos, prelados y purpurados, ha de ser «como la minifalda, corta y que enseñe», le habrá encantado este libro. La última vez que el Santo Padre recibió al presidente de la Conferencia Episcopal española, en plena pandemia, le insistió en que no tenían sentido esos sermones largos y tediosos de las misas dominicales. El Papa, que goza de un estupendo sentido del humor, puso el ejemplo de la minifalda, ante la sonrisa cómplice del catalán Omella. Pero retomemos el libro del prelado editado por Palabra. Por cierto, que de Monseñor Ocáriz se podría decir, también, que es un prelado gacetillero; sus reflexiones abarcan apenas una columna, Además, maneja con soltura el titular: «Paciencia e impaciencia».
«La fiesta eterna», o «El amor no se jubila». Pero lo que de verdad interesa a Fernando Ocáriz, es abrir una ventana a la luz del Evangelio, con textos que despellejen complacencias y enseñen, como aquellas minifaldas, utilizadas ya por artistas de cabaret, mucho antes de que fuera moda generalizada.

Jesús Fonseca, El Diario de Burgos, 14-2-2021

Navidades “muy solidarias” en Enalba

María, Patricia y Carmen, asociadas de Enalba, ayudando en la recogida de alimentos

Desde la Asociación Juvenil Enalba de Gijón (www.enalba.com), quisimos tener este año unas Navidades especialmente solidarias.

Como en años anteriores, no faltó la recogida de juguetes para luego poder llevarlos a familias con pocos recursos. Tampoco faltaron las “visitas a las residencias de mayores” que este año no pudieron ser presenciales. Las asociadas de edades más pequeñas, escribieron y dibujaron unas felicitaciones de navidad, que luego hicimos llegar a los ancianos.

Otra actividad que iniciamos este año fue la que denominamos “Desayunos Solidarios”, en los que las asociadas de bachillerato repartieron un café calentito a las personas sin techo por las calles de Gijón.

Pero sin duda, la actividad donde más se implicaron más nuestras asociadas de la ESO fue en la “Recogida de Alimentos”.

Cerrando las cajas con los alimentos

Desde Enalba, solicitamos al Banco de Alimentos organizar una “Operación Kilo” que fue muy bien aceptada. La misma idea tuvo Lola, que colabora habitualmente con nosotras, y su familia tiene un parking cerca de nuestra asociación, en una calle muy céntrica, y nos sugirió poner allí el punto de recogida. Fue un éxito total. Tuvimos nuestro “pequeño stand” del 18 de diciembre al 10 de enero 2021. En ese tiempo conseguimos superar los 200 kilos de alimentos!

La colaboración por parte de los trabajadores del parking fue total. Nos permitieron además poner allí un Nacimiento, que dio sin duda un ambiente y un sentido más cristiano a la actividad.

Todas las chicas que participaron en esta recogida, se implicaron mucho, haciendo turnos entre ellas para ir controlando y cerrando las cajas que se iban llenando. Sin duda les ha servido para darse cuenta de que con un pequeño esfuerzo e interés por su parte se puede hacer un gran bien a la sociedad.

Trasladando las cajas con alimentos

“Sabias estrellas”: embajadores de los Reyes Magos para los ancianos

La Asociación Prados se ha embarcado en un proyecto con voluntarios, que conseguirán los regalos que 46 ancianos de una residencia vallisoletana han pedido por carta a los Reyes Magos.

Una gorra para el invierno, un bolso, una cartera, cremas y… salud. Es probable que los ancianos de la Residencia del Carmen (Valladolid) llevaran tiempo sin escribir una carta a los Reyes Magos, pero este año unos pajes les han prometido que obtendrán lo que pidan.

La iniciativa de la Asociación Prados se llama “Sabias estrellas” y ha surgido para intentar paliar la soledad de algunos ancianos por las consecuencias del coronavirus.

En Prados han invitado a voluntarios y familias para que apadrinen a uno de los mayores de la Residencia del Carmen, y sean su enlace con sus Majestades los Magos de Oriente. Además les han escrito unas letras y, una vez pasado el 6 de enero, se pondrán en contacto con los residentes del Carmen por videollamada.

Las familias de la Asociación Prados han querido así resaltar “la figura de nuestros mayores como focos de luz en la vida de cada uno de nosotros, gracias a su experiencia y vivencias”. La iniciativa cuenta con la colaboración de la ONG Cooperación Internacional.

Tarjetas de Navidad Solidarias

Isabel, presidenta de la Asociación Oyambre (a la izquierda) hace entrega en la residencia de las 140 felicitaciones para cada residente

Esta Navidad un grupo de mayores de Cantabria tienen una sorpresa. Cuando llegan estas fechas esperamos las felicitaciones de la familia y los amigos, pero no es frecuente que recibamos una tarjeta de felicitación de alguien que no conocemos. Pero esto es lo que recibieron las personas de una residencia de mayores de Puente Viesgo, en Cantabria.

140 ABRAZOS LLEGARON EN FORMA DE “TARJETAS NAVIDEÑAS” A LA RESIDENCIA PUENTE VIESGO DISEÑADAS POR LAS ASOCIADAS DE OYAMBRE

Cada una de las 140 personas mayores que viven en ella, se han encontrado un abrazo en forma de tarjeta navideña hecha manualmente con mucha imaginación y dedicación. Han sido realizadas por las niñas de 3º a 6º de primaria que habitualmente participan en las actividades de la Asociación Oyambre.

Berta construyendo su tarjeta navideña

Hace unos días se entregaron a la entrada de la residencia en un emotivo momento en el que participó uno de los residentes en nombre de todos. Acompañado por la directora, invitó a las niñas a ir a visitarles “cuando pase la pandemia”, les pidió que “sigan rezando por nosotros” y les dijo que eran “las niñas más bonitas de España”.

Lourditas, elaborando su felicitación

Según Isabel García Patiño, presidenta de la junta directiva de la Asociación, este año se han acordado más que nunca en las personas mayores, que “con la situación de pandemia y las restricciones de movilidad y de visitas, son quienes peor lo están pasando”.  Así que pensaron en “hacerles llegar el cariño y los abrazos por medio de palabras”, y así surgió la idea de las tarjetas solidarias, un proyecto en el que han estado trabajando en las últimas semanas con la mirada puesta en la Navidad. A todo el equipo les hacía mucha ilusión que los mayores vean y sientan que “lo hemos hecho por ellos y para ellos” y su ilusión se mezcla con la de las niñas que han participado viernes a viernes en este solidario proyecto.

HAN PARTICIPADO CADA VIERNES UN BUEN GRUPO EN ESTE PROYECTO SOLIDARIO

María nos muestra sus tarjetas

En Oyambre asegura, “se busca realizar iniciativas que favorezcan el desarrollo personal de las niñas que participan de las actividades aprendiendo actitudes de respecto, generosidad, de servir a los demás… Como la situación de pandemia por el coronavirus y la alarma sanitaria es algo histórico y nos ha marcado, pensamos en esas personas que más lo necesitaban, nuestros mayores”.

Antes de que la llamada segunda ola eclosionara y aún se podía ir de un municipio a otro en Cantabria, cada viernes había “sesión de tarjeta solidaria”. Pero después llegaron las limitaciones de movilidad y no era posible reunirse todas juntas en las aulas de la asociación, ubicadas en la localidad de Mompía, muy cerca de Santander.  Pero las pequeñas artistas tenían mucha ilusión por seguir avanzando y concluir sus imaginativas tarjetas navideñas, así que el equipo de dirección decidió seguir adelante con la actividad de forma telemática, online.

A PESAR DE LAS LIMITACIONES DE MOVILIDAD EL EQUIPO DE DIRECCIÓN DECIDIÓ SEGUIR  CON ESTA ACTIVIDAD DE FORMA TELEMÁTICA CON LAS ASOCIADAS

Todo preparado por Berta

El equipo de monitoras hizo llegar un “kit” con los materiales para confeccionar las tarjetas y cada viernes por la tarde, de nuevo, se conectaban para seguir diseñando juntas ese abrazo en forma de palabras. “Las niñas nos enseñaban lo que iban haciendo, los mensajes que iban escribiendo, en esto tenían libertad para todo, ellas expresaban lo que tenían dentro. Era muy bonito ver lo que sentían de verdad y creo que eso es lo que llega a los demás”, rememora Marta, una de las monitoras. “Cuando empezaron a escribir los mensajes me emocioné porque las niñas son las de 3º a 6º de primaria, y que mandasen mensajes también a las personas que están cuidando a los mayores me pareció muy emotivo”.

A lo largo de estas semana ha habido muchas anécdotas que recordar, como cuando una de las niñas le dijo a su madre que no podía acompañarla a una cita un viernes por la tarde y que se quedaba en casa, porque “lo que estoy haciendo es muy importante, estoy haciendo unas tarjetas a los abuelitos y ellos necesitan saber que los queremos”, le dijo  muy convencida. “Eso emociona, la verdad”, cuenta María Jesús, otra de las monitoras.

Bolsas preparadas

La idea inicial era llevar las tarjetas solidarias a varias residencias, pero finalmente se decidió hacerlas llegar a una de ellas, ya que las otras residencias llevaron a cabo otros proyectos, Además, a la directora de la Residencia Puente Viesgo le gustó tanto la idea que les “encargó” una tarjeta a cada uno de los residentes, en total, esos 140 ya mencionados. Así que el equipo tuvo que emplearse a fondo para cumplir el plazo y no decepcionar a ni uno solo de los mayores del centro. Pero a mediados de diciembre las pequeñas catorce artistas ya había concluido el encargo y las tarjetas solidarias se entregaron finalmente cumpliendo el objetivo: hacer llegar de forma anónima un abrazo cariñoso y sincero.

QUEDA PENDIENTE LA VISITA DE LAS ASOCIADAS DE OYAMBRE A ESTA RESIDENCIA.  CONFIAMOS QUE SE HAGA REALIDAD EN EL AÑO NUEVO

Queda ahora pendiente el encuentro entre los mayores de la Residencia Puente Viesgo y las niñas de la Asociación Oyambre. Seguro que si la situación sanitaria da un respiro y en algún momento puedan visitarles en la residencia, irán a darles un abrazo personalmente. Mientras tanto estas jóvenes artistas podrán recordar cómo llevaron un poco de ilusión y de cariño a los mayores con un pequeño y sencillo regalo como es una tarjeta de Navidad.

Javier Burrieza presenta su ‘Libro de los santos de Valladolid’

El tomo, de 492 páginas y editado por Maxtor, está prologado por el arzobispo de Valladolid, cardenal Ricardo Blázquez

La iglesia del Salvador de Valladolid acogió el lunes 14 la presentación del ‘Libro de los santos de Valladolid’, del que es autor Javier Burrieza Sánchez, profesor de Historia Moderna de la UVa, editado por Maxtor. A la presentación de la obra, que analiza el papel que estos personajes han tenido en la historia de la ciudad y su provincia a través de más de cien trayectorias vitales, asistió el arzobispo de Valladolid, Ricardo Blázquez.

El ‘Libro de los santos de Valladolid’ analiza el papel que estos personajes han tenido en la historia de la ciudad y su provincia a través de más de cien trayectorias vitales repartidas en tres secciones diferentes, dentro de los criterios propios de la historiografía moderna, acompañado de un aparato documental en más de ochocientas notas de pie de páginas con un recorrido por las fuentes históricas y bibliográficas que trataron sobre cada uno de ellos, procedentes de archivos y bibliotecas históricas, amén de las más diversas publicaciones. También cada personaje, santo o beato, cuenta con una fotografía de una obra referida a él o una fotografía de alguno de los acontecimientos de su vida en el caso de los más recientes. El propio autor ha procurado que, en un tema en constante evolución a través de los procesos de santificación que se desarrollan en el Vaticano por la Congregación de las Causas de los Santos, no se quedasen antiguas estas páginas. Por eso, no faltan aquellos que protagonizan o podrían protagonizar los próximos procesos de santificación.

El libro se divide en tres partes. Los santos nacidos en la provincia de Valladolid; en segundo lugar los que vivieron y moraron en esta ciudad de encrucijada, de muchas decisiones y de grandes instituciones y, finalmente, aquellos que protagonizan los procesos de santificación desde nuestra diócesis vallisoletana, algunos con varios siglos de trayectoria. Al primer grupo pertenecen los seis santos y los veintiocho beatos que nacieron en el actual territorio de la provincia y diócesis de Valladolid, coincidentes hoy casi en su totalidad. Sin embargo, eso no ocurría hasta 1955, donde la diócesis era mucho más pequeña que la provincia, cuando esta última delimitación civil nació en la España liberal. Con anterioridad entraban en el territorio provincial de Valladolid las diócesis de Palencia (Medina de Rioseco por ejemplo), León (Mayorga de Campos) o Ávila (en Olmedo).

De todos estos santos y beatos vallisoletanos, solamente una es mujer, sor Carlota de la Visitación, de las franciscanas de los Sagrados Corazones, nacida en Nava del Rey. Una primera parte que concluye con las páginas dedicadas a los jesuitas mártires de la Universidad Centroamericana, los padres Ignacio Martín Baró y Segundo Montes que, aunque sus procesos no están en marcha todavía desde la Compañía de Jesús, sus trayectorias han sido incluidas recientemente en un «Martirologio» publicado por los jesuitas y referentes a los que dieron su vida por la fe en los tiempos más contemporáneos dentro de la orden.

Muy diversos son los santos y beatos que moraron en Valladolid, desde los más legendarios como san Mancio (con su localidad propia en Tierra de Campos, Villanueva de San Mancio) o los compañeros de san Francisco y san Bernardo, vinculados con los conventos de Valladolid de la Plaza Mayor y el monasterio de la Santa Espina respectivamente; las predicaciones de san Vicente Ferrer; los santos del Siglo de Oro (Ignacio de Loyola, Teresa de Jesús, Francisco de Borja, Juan de la Cruz, Pedro de Fabro, Ana de San Bartolomé o Juan Bautista de la Concepción entre otros), sin olvidar a los santos de la nueva sociedad burguesa con el paso por Valladolid de san Antonio María Claret como confesor de Isabel II o santa Cándida de Jesús en el inicio de la fundación de su orden religiosa para la educación: las Hijas de Jesús o «jesuitinas»; hasta los mártires lasalianos de Turón, profesores del Colegio de Lourdes o los más recientes entre los que se encuentran los 61 viajes de san Josemaría Escrivá de Balaguer a la ciudad, en los años de establecimiento del Opus Dei después de la Guerra Civil.

Una tercera parte del libro son los procesos de santificación de aquellos que, siendo o no vallisoletanos, se han desarrollado o se están desarrollando en esta diócesis. El criterio es que murieron en la diócesis de Valladolid o sus últimos años vivieron en la misma o su trayectoria se encuentra muy vinculada a la diócesis. Ejemplo de todo ello, en su variedad, es la reina de Castilla Isabel La Católica –fallecida en Medina del Campo en 1504–, un proceso con una trascendencia mundial y plagado de obstáculos y controversias; Luis de La Puente y Marina de Escobar (en el ámbito de la Compañía de Jesús en el siglo XVII), el hermano Antonio Alonso Bermejo (el «santo» no canonizado en Nava del Rey) o las más recientes hermanas Teresa y Encarnita Ortega Pardo (monja dominica en Olmedo y numeraria del Opus Dei dedicada al estudio del mundo de la moda respectivamente). Cierra esta serie, aquellos que están esperando el último «nihil obstat» de Roma para la introducción de la Causa como el carmelita seglar Víctor Rodríguez o el fraile dominico José Luis Gago.

Este libro, prologado por el cardenal-arzobispo de Valladolid Ricardo Blázquez, es un recorrido profundo no solo por las vidas particulares de cada uno de ellos sino por la historia de la Iglesia, de España y de Valladolid, pues los escenarios de sus vidas y la variedad de las decisiones de sus actos asombrarán al lector que gusta saber de lo más cercano –lo vallisoletano– y su proyección.

Según se lee en el prólogo de Ricardo Blázquez, «esta obra rica en información narra la historia de muchos santos y beatos de la Diócesis de Valladolid o en conexión con ella. Este libro, además, tiene visos de futuro. No quiere quedarse viejo, pues cuenta con las vidas de aquellas personas sobre las que están actualmente en curso procesos».

«Constituyen una obra monumental estás páginas que nos presenta el historiador Javier Burrieza. El conocimiento y el sentido histórico de los santos se encuentra dentro de su línea de trabajo. Trata la realidad de la Iglesia con criterios historiográficos modernos, huyendo de estereotipos hagiográficos y respetando al mismo tiempo la mentalidad de los contemporáneos que vivieron con los santos, se sintieron impresionados por ellos y juzgaron conveniente difundir el llamado «olor de santidad» de acuerdo con las coordenadas de su tiempo. Esta obra que el lector tiene en sus manos trata de la dimensión más honda de nuestra historia. Un santo no es una persona rara sino alguien que levanta el ánimo hacia lo alto», escribe en el prólogo Ricardo Blázquez, cardenal-arzobispo de Valladolid.

Cuatro años sin don Javier

El periodista Jesús Fonseca escribe este artículo con motivo del aniversario del fallecimiento de Mons. Javier Echevarría: “Sabía lo que había que decir, o no decir, para ayudarte a doblar la vida por donde más te convenía; quería a todo el mundo y vivía instalado en la esperanza y la gratitud”.

La Razón Cuatro años sin don Javier

De Javier Echevarría se ha escrito bastante, pero queda todavía mucho por contar sobre uno de esos «santos de la puerta de al lado», en expresión del Papa Francisco. Tal día como hoy, hace cuatro años, moría en Roma, a los 83, el obispo prelado del Opus Dei. Lo hacía con las botas puestas: metido en faena hasta el final. De hecho, la última carta suya que recibí, de su puño y letra, tiene matasellos del día en que fue ingresado. En ella se despide recordándome que es «imposible no caminar contigo y unirme a todos tus pasos». ¡Le quería tanto!

DON JAVIER ERA UNO DE ESOS HOMBRES QUE SE PONEN EN LA PIEL DEL OTRO

Don Javier era uno de esos hombres que se ponen en la piel del otro: sabía escuchar y sabía querer. Fuimos amigos, pese a no pertenecer yo al Opus ni abrigar intención alguna de serlo. Pero puedo decir que, cuando estábamos juntos, nos contábamos nuestras cosas, nuestras alegrías y anhelos; vamos, que hablábamos de la letra menuda del vivir, que es la que cuenta. A él, lo que más le gustaba era escuchar, mientras te seguía con una mirada encendida de gozo.

Don Javier sabía lo que había que decir, o no decir, para ayudarte a doblar la vida por donde más te convenía. Estuvo a mi lado en momentos muy duros y me ayudó inmensamente. Mi deuda con él es incancelable. No solo era buena gente, era remajo. La sencillez, el empeño en no hacer ruido, marcaron una vida apurada, pero fecunda.

La aportación a la Iglesia, de este movimiento universal de fieles, no se entiende sin la abnegación y lealtad de este madrileño al que vi sonreír siempre; incluso aquella vez que le avisé, en Burgos, que iban a por ellos. Se rió con ganas y encontró sobrados motivos para excusar cualquier animadversión. Don Javier quería a todo el mundo; vivía instalado en la esperanza y la gratitud. Además estaba convencido de que, en el Opus Dei, metían también la pata y eran tan imperfectos como el que más, por más que intentaran hacer las cosas bien. Don Javier encarna, como el Papa Francisco ahora mismo, en un mundo roto, el Evangelio en carne viva.

CUANDO LO VEÍA SALÍA CONVENCIDO DE QUE NADA MALO PODRÍA PASARME DESPUÉS DE ESTAR CON ÉL

La segunda vez que lo vi, en Roma, me recordó a Teresa de Calcuta, a cuyo encuentro me había mandado Ansón para entrevistarla. Tenían los dos un algo indescriptible; la misma ternura y espontaneidad. Tal vez fuera «ese no sé qué que se halla por ventura», del que hablaba aquel «frailecillo de risa», más conocido como San Juan de la Cruz.

Las carticas de don Javier me daban paz; me removía su cariño y confianza. Cuando lo veía salía convencido de que nada malo podría pasarme después de estar con él. Hablábamos de Esther, mi querida mujer como si estuviera viva y me pedía la última hora sobre nuestra hija Aitana. Ese era don Javier. «De monseñor Echevarría me llamó la atención que no llamaba la atención. Que era una de esas personas con la que te apetece tomarte un café y contarle tus cosas». ¡Cómo me gusta esta definición del genial Álvarez Sánchez León! El escritor que mejor ha mostrado la vida de don Javier, su tamaño espiritual y su riqueza humana.

Hace cuatro años, tal día como hoy, este gacetillero estaba en Roma para despedir al amigo. Le di un beso en la frente y sentí de nuevo que aquellos ojos sin vida me miraban y me decían: «Jesús, imposible no caminar juntos».