Aguiloportada

“Los sentimientos deben educarse con la inteligencia”

“Hemos de eliminar la idea de que exigiendo perdemos el cariño o no somos buenos padres. Es justo lo contrario”, afirmó Alfonso Aguiló en una conferencia organizada por los padres del Club Juvenil Tempero bajo el título “Educar el carácter y los sentimientos”.

Alfonso Aguiló, Vicepresidente del Instituto Europeo de Estudios de la Educación , Director del Colegio Tajamar de Madrid, Director del portal interrogantes.net. y autor de numerosas publicaciones y artículos, impartió una conferencia en Cajamar el pasado 2 de frebrero, invitado por los padres del Club Juvenil Tempero.

Saber educar el carácter de los hijos y de los alumnos parece, de entrada,  una tarea bastante complicada. ¿Cuál es la clave para educar el carácter?

“Curiosamente, el carácter y la vida emocional son una parte muy importante de la vida de una persona, sin embargo, son los grandes ausentes en los currículos profesionales. La educación afectiva es una tarea difícil. No debemos confundir nunca sentimiento con sentimentalismo y debemos tener claro que los sentimientos deben educarse con la inteligencia. Una de las claves principales para poder educar bien es la confianza, conseguir esa cercanía que permita conocer a las personas, comprenderlas y motivarlas”.

 

En la tarea de educar a personas, juegan un papel importantísimo tanto los padres como los profesores. Como director de un colegio, ¿cree que la mayoría de los padres se involucran con el modelo educativo que han elegido para sus hijos, o delegan toda su responsabilidad en los profesores?

“Delegar en el profesorado la tarea educadora de los padres es un problema de siempre. Quizá los padres intervienen ahora más en la vida académica que hace un tiempo. Lo que también ha cambiado  es que antes los padres apoyaban más, en general, al profesor y al centro educativo. Ahora, sin embargo, tienen una postura más crítica y, muchas veces, la falta de apoyo al profesorado hace que el principal perjudicado sea el alumno, porque si se debilita la autoridad del profesor, el principal perjudicado siempre es el alumno”.

Hay una máxima y es que “nadie da lo que no tiene”. No siempre los padres están preparados para educar y formar a sus hijos. ¿Se está a tiempo de educar a los padres?

“Sí. La formación no acaba nunca y siempre estamos a tiempo de formarnos. Creo que lo más importante es tener preocupación por formarse, porque cuando uno tiene sentido crítico sobre el modo en que hace las cosas, siempre acaba viendo lo que tiene que hacer”.

Educamos a nuestros hijos en un contexto determinado: la sociedad en la que nos ha tocado vivir. Estamos inmersos en una crisis económica mundial que es consecuencia de una grave crisis de valores. San Josemaría Escrivá de Balaguer decía que estas crisis mundiales eran crisis de santos. ¿Cree que hay esperanza para conseguir un mundo mejor?

“Las crisis, a lo largo de la historia, siempre han traído una enseñanza importante y es que las grandes regeneraciones de una sociedad han venido después de una gran crisis. Muchas veces, las cosas, para arreglarse, se tienen que desarreglar porque es cuando uno advierte los errores que estaba cometiendo, y, al advertir sus consecuencias, es cuando realmente los valora en su verdadera dimensión y pone los medios para resolver los problemas”.

 


En uno de sus artículos más recientes, usted afirma que  “el mundo del futuro será como sean las personas a las que corresponda dirigirlo”. Estamos hablando de nuestros hijos… ¿Cómo podemos conseguir que lleguen a ser personas honradas, trabajadoras, sacrificadas, responsables, coherentes, leales…?

“Una cosa que observo que les cuesta mucho a los padres de hoy en día es decir que “no” a sus hijos. Me parece que cualquier persona, para tener una disciplina, para tener un clima de austeridad necesario en cualquier proceso de formación, para tener fuerza de voluntad, necesita cultivar el esfuerzo y para eso hay que decir que “no”. Hay que enseñar a los hijos a conducir su vida para no ser zarandeados por la vida. A transformar el fracaso en una herramienta de mejora. Los padres deben aplazar la gratificación, educando en la templanza. La escritora Susana Tamaro dice que “la clase dirigente del mañana serán los niños a los que se les haya dicho no”. Los padres que saben decir que “no”, en el momento adecuado y con el tono adecuado, son los padres que lograrán que sus hijos lleven las riendas de su propia vida y son el futuro de nuestra sociedad”.

Como director de un colegio que sigue el modelo de educación diferenciada, ¿considera que este modelo, frente a la educación mixta, facilita la educación del carácter y de los sentimientos?

“Sí. La educación diferenciada tiene, sin duda, unas características que la hacen especialmente eficaz, porque tiene muchas ventajas. Tampoco pretendo que se imponga de una forma general, o decir que sea mejor o peor. Me parece que los modelos educativos tienen que ser muy plurales y los padres tienen que elegir el modelo que les parece más adecuado por sus convicciones, ideas, por cómo son sus hijos. Por mi experiencia, puedo decir que la educación diferenciada tiene unos resultados académicos, de formación y de socialización muy buenos. Hay unas edades en las que se manifiestan claramente las diferencias entre chico y chica, y tener grupos más homogéneos conduce normalmente a mejores resultados. Cuando pase el tiempo, es un modelo que se va a extender mucho más que ahora”.

 

Si la educación diferenciada ofrece tantas ventajas, ¿dónde radica el debate en este tema?

“El gran debate está planteado en la financiación pública de la educación diferenciada. Me parece que lo que hay que dejar claro es que el modelo de educación no es una cuestión que deciden los gobiernos, sino que deciden las familias. Mientras haya familias que quieran este modelo, y sea un modelo perfectamente legal, ese modelo debe ser financiado en igualdad de oportunidades que otros. Cada uno educa como le parece que es mejor y lo que hace falta es ser muy respetuoso con la libertad y no querer imponer el modelo en que otros tienen que educar a sus hijos”.

Hablemos del sistema educativo español. Usted, como Vicepresidente del Instituto Europeo de Estudios de la Educación, ¿cree que le falta mucho a nuestro país para estar entre los mejores de Europa? ¿Cuáles son nuestras asignaturas pendientes?

“Le falta muchísimo porque está de los últimos. Me parece que hay mucho que cambiar en la legislación, pero, sobre todo, hay mucho que cambiar en la exigencia y en la motivación. Es muy importante que se establezcan sistemas de evaluación y transparencia muy claros. Los centros deberían ser evaluados según los resultados.

Otra cuestión importante es la autonomía, para que haya estímulo y una sana competitividad. Tiene que haber una pluralidad de modelos y de formas de trabajar que haga que los que sean mejores sean más demandados.

En definitiva, un gran cambio de mentalidad  que hay que dar en educación de este país y tiene que darse porque con niveles de inversión muy altos se están obteniendo resultados muy pobres”.


Para terminar, ¿qué consejo daría a un padre y a un profesor, que fuera común para los dos, y les ayudara en su tarea educadora?

“Es una pregunta muy difícil, pero se me ocurre que para ayudar a las personas a mejorar, lo más importante es el propio testimonio personal, y, como nos conocen muy bien, tanto los hijos como los alumnos, la única forma de ayudarles a mejorar es que nos vean a nosotros esforzarnos en mejorar. Dar buen  ejemplo, no porque seamos perfectos, que no lo somos, sino porque luchamos contra nuestros defectos. En definitiva, esforzarnos por mejorar en las cosas que queremos que ellos mejoren”.

Isabel Merino