Misterio de amor. Con ocasión del Congreso Eucarístico diocesano de Valladolid

El amor constituye la sustancia de la felicidad. Todos deseamos que el amor esté presente en nuestra vida, porque amar y saberse amados componen la única respuesta verdadera a las ansias últimas del corazón humano.

La celebración en Valladolid del Congreso Eucarístico Diocesano nos brinda la oportunidad para reflexionar al respecto. ¿Qué significa la Eucaristía? ¿Por qué algunos  creemos que en un trozo de pan se encuentra el mismo Jesucristo, Dios y Hombre verdadero? Y le preguntamos a Jesús con los poetas hermanos: “¿Cómo hiciste del pan cuerpo divino y del vino tu sangre, si gustabas de llamar al pan, pan, y al vino, vino?”

Frente a las objeciones comprensibles de la razón, podemos sin embargo argumentar con la lógica y la experiencia del amor. Se trata de una necesidad del corazón. San Josemaría lo explicaba hace años: “considerad la experiencia, tan humana, de la despedida de dos personas que se quieren. Desearían estar siempre juntas, pero el deber —el que sea— les obliga a alejarse. Su afán sería continuar sin separarse, y no pueden. El amor del hombre, que por grande que sea es limitado, recurre a un símbolo: los que se despiden se cambian un recuerdo, quizá una fotografía, con una dedicatoria tan encendida, que sorprende que no arda la cartulina. No logran hacer más porque el poder de las criaturas no llega tan lejos como su querer. Lo que nosotros no podemos, lo puede el Señor. Jesucristo, perfecto Dios y perfecto Hombre, no deja un símbolo, sino la realidad: se queda El mismo”.

¡Qué razón más humana! No es extraño que para muchos la Eucaristía sea una necesidad, porque allí encontramos remedio para nuestras flaquezas, miedos y angustias; cura para nuestras soledades y desánimos; compañía para el camino de la vida.

En estos días hemos podido contemplar en el museo catedralicio una magnífica selección de obras de arte que este misterio de amor ha inspirado a tantos artistas. Asimismo hemos participado en otros eventos de distinta naturaleza: conferencias, proyecciones, conciertos, vigilias de oración. La celebración multitudinaria  en la acera de Recoletos y la posterior procesión del Corpus Christi –Dios andando por las calles de Valladolid- culminarán la celebración de este Congreso Eucarístico con el que se nos ayuda a redescubrir este misterio de amor.

Hay que agradecer al Sr. Cardenal esta iniciativa, que resultará beneficiosa para creyentes y no creyentes porque, como dice el Papa Francisco, “la fe es un bien para todos, es un bien común; su luz no luce sólo dentro de la Iglesia ni sirve únicamente para construir una ciudad eterna en el más allá; nos ayuda a edificar nuestras sociedades, para que avancen hacia el futuro con esperanza”. Y así construir la civilización del amor con una preocupación real hacia el prójimo, en especial hacia el más necesitado de pan, de afecto y de ayuda.