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Montauca: un montón de cosas que han vivido padres e hijos

Esta historia transcurre en Burgos. Pero se repite en decenas de ciudades, con acentos similares. El Club Juvenil Montauca ha filmado un documental por su 50 aniversario, en el que padres, socios y muchos que lo fueron en diferentes etapas relatan qué ha supuesto para ellos y la huella que les ha dejado.

“El Club fue para nosotros, los padres, la prolongación de la familia, donde nuestros hijos iban y se formaban en virtudes, donde estudiaban, se divertían y aprendían sobre todo a tratar a Dios. Yo recuerdo -cuenta Rosy- con muchísimo cariño las fiestas de padres. Aquellos concursos que había de tortillas, de repostería…Un año, con un tocinillo de cielo, me disteis el título de la mamá más dulce. La verdad es que disfrutábamos muchísimo en aquellas fiestas, todas las familias reunidas…Y os agradecemos muchísimo todo lo que habéis hecho por la formación de nuestros hijos”.

“Desde el inicio, movidos por el deseo de educarlos bien, hemos buscado que nuestros hijos se diviertan y aprovechen el tiempo libre. Montauca ofrece actividades extraescolares para niños a partir de 10 años, planes periódicos para toda la familia y una escuela de padres”, nos cuenta el Presidente de la junta directiva, Andrés, padre de cuatro socios. “Yo acudí de joven y ya desde pequeño vi cómo las familias estaban integradas en el Club”.

Asun, psicopedagoga, profesora y madre de dos socios, afirma que “a la edad en que llegan al Club, que es a partir de los 9 años, la socialización es importante, que tengan amigos en Montauca y esta oferta de actividades, hace que los niños no se preocupen por salir antes de la cuenta. Aquí tienen actividades con las que se lo pasan genial en un entorno sano y con unos monitores que se preocupan mucho por ellos. A nosotros, como padres, nos da mucha tranquilidad, les traemos aquí con toda la confianza y aparte estamos en constante comunicación con ellos, para sacar adelante lo mejor de nuestros hijos”.

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“Oye, tú has cambiado. Ahora te comportas mejor en casa”

“Yo empecé a venir por el Club con catorce años, nos cuenta Pedro, médico del Trabajo y actual director de Montauca. Venía a estudiar, a las actividades lúdicas y a los concursos culturales y competiciones deportivas. Y mis padres me decían: oye, tú has cambiado, ahora te comportas mejor en casa, ayudas más en casa, estás más alegre, sacas mejores notas. Notaron un cambio importante”.

María Paz, madre de cuatro socios y funcionaria lo reafirma: “Sobre todo cuando se van un par de días o tres con el club -esas convivencias o miniconvivencias y salidas en las que está todo un poco más concentrado-. Aparte de pasárselo bien se nota a la vuelta que mejoran en muchas cosas. Aunque luego se les olvide lo retoman después”.


Documental completo


Una formación cristiana que lo empapa todo

“Por otra parte –sigue contando el director- se realizan casi las mismas actividades que cuando yo venía: fútbol, ciclismo, pádel, montaña, excursiones, campamento de verano en montaña leonesa. A mí siempre me ha gustado la naturaleza. Vamos mucho de excursión al campo: así los chicos descubren lo que hay fuera porque si no, te metes en tu ciudad, en tu casa, en tu colegio… Cuando sales y descubres lo que hay en el mundo y en la naturaleza es increíble. Los adolescentes dicen pues yo ahora veo vídeos en YouYube o me pongo con Instagram y así me paso toda la tarde del sábado. Creo que es mejor ir al campo, estar con más gente, pasártelo bien. También está el cine, la literatura, el teatro. Hacemos obras de cierta calidad, meticulosamente, apoyados en buenos técnicos. Se intenta combinar la calidad con el tono lúdico”. Afirma también que para el que libremente quiera se imparte una sólida formación cristiana: “Es lo que empapa todo”.

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Rubén, uno de los monitores, detalla cómo lo procuran hacer: “Tenemos talleres creativos que abarcan desde manualidades hasta gymkanas… Nos gusta sugerir temáticas. Empezamos con la temática de superhéroes que les suele gustar bastante a los chavales, el descubrir qué superhéroe tenemos dentro, nuestras superhabilidades…”.

Y parece que funciona, porque uno de los benjamines, Mateo, suelta con desparpajo: “El Club…Pues para mí es creer más en Jesús, divertirme, conocer a más personas…y no se me ocurren más cosas pero seguro que es más cosas”.

De la mano de los padres

Pero todo no se queda en los jóvenes. Se mima la escuela de padres: “También hacemos un seguimiento de actividades familiares, para padres de cara un poco a necesidades que pueda haber de formación del momento que les preocupan, como puede ser el uso excesivo del móvil, las series de televisión… así generamos un calendario de charlas o cursos formativos para los padres. Se trata de que las familias encuentren en el Club una segunda casa, que se relacionen con otras familias y compartan proyectos, ilusiones…”, observa Andrés, el Presidente.

En definitiva, ataja el empresario Javier Moreno, “no sólo ha sido una solución al tiempo libre, sino que ha sido un gran apoyo para la formación en valores de nuestros hijos, para hacer amigos, para pasárselo bien y un montón de cosas que hemos vivido padres e hijos juntos”.

Hablan los antiguos socios

Álvaro, periodista y consultor de estrategia, antiguo socio, va al grano: “Uno: gracias a Montauca yo soy consciente de la importancia del valor de trabajo. Dos: el saber mantener una buena conversación; y cuando digo una buena conversación, me refiero, sobre todo, a saber escuchar. Y tres: el orgullo de ser cristiano en estos tiempos, algo muy importante”.

Javier Moreno, empresario, antiguo socio y padre actual de varios comenta que desde pequeño forjó unas estrechas amistades que mantiene todavía. “Nos trasmitieron una serie de valores que perduran hoy, sí se puede decir, más fortalecidos”.

Para Diego, cantautor, profesor y empresario y autor de la excelente banda sonora del documental, enfatiza que con Montauca se sentirá en deuda toda la vida, “porque me han ayudado realmente en todo en la vida. Así de claro. Sin ninguna duda para mí el acontecimiento que marcó un antes y un después, fue el primer curso de retiro. Ya me habían hablado los jesuitas de los retiros espirituales”.

Álvaro Zamora, hoy sacerdote de la diócesis de Burgos, recuerda mucho aquellos años de estudio en la biblioteca: “tantas horas, tantas oraciones en el oratorio y sobre todo los encuentros en Roma, el famoso UNIV”.

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Trabajo, cultura, solidaridad, y un montón de amistades

Para Guillermo, organista de la catedral de Burgos y antiguo socio, el Club fue definitivo: “Tiene que transcurrir un tiempo para ser consciente de lo que se ha vivido y encontrar nuevas interpretaciones y ahí es donde aparece Montauca. Aprendí a valorar el trabajo y a divertirme con él. También a tomarme en serio los momentos de descanso”.

Para Alvar, antiguo socio y hoy periodista de agencia de relaciones públicas en Hollywood, son muchas las anécdotas y recuerdos, pero no se olvida del “embrión que creó la revista cultural TELEO, que fue una experiencia maravillosa. Nos juntamos un grupo fantástico de gente y de ahí creamos una revista cultural maravillosa, un par de añitos, fue algo inolvidable. Hablábamos de literatura, de poesía, de cine. Estuvo muy bien”.

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César, director de recursos humanos, recuerda: “Vi ejemplo de disciplina, de esfuerzo, de trabajo, combinado con una vida espiritual intensa. Anécdotas hay muchas, me acuerdo de tantas personas…, podría hablar de mucha gente con la que me reí, me reí a rabiar. A quien se plantee llevar a sus hijos, yo le diría que venciera sus prejuicios y que vaya y observe. Lo que verá, seguramente le convenza; y si no le convence, por la misma puerta que ha entrado se puede volver a salir, que no atan a nadie para que se quede”.

En el documental también aparecen socios actuales. Miguel, uno de los mayores de Montauca, encuentra un gran atractivo en las tareas solidarias, como “ir de voluntariado al hospital, o a veces en Navidad a cantar a los ancianos algunos villancicos, para que ellos se alegren un poco y también tengan una navidad, aunque ellos no puedan pasar con sus familias”.

Alejandro, otro de los socios destaca que “aparte del estudio y del trabajo que hacemos en el Club, Montauca ha sido un sitio donde he conocido a mucha gente de toda Castilla y León y he entablado grandes amistades”.