La aventura de vivir en Haifa

Chema Andrés tiene 23 años  y reside en Haifa (Israel). Nació en Palencia, pero pasó la mayor parte de su vida en Valladolid, donde residen sus padres y hermanos. Estudió en el colegio Jesús y María (Carmelitas de Vedruna) y a los 10 años comenzó a frecuentar el Club Juvenil Tempero, un Centro del Opus Dei en Valladolid por el que han pasado miles de jóvenes en sus 50 años de existencia. El pasado agosto realizó un curso de verano en el Colegio Mayor Peñafiel de Valladolid y aprovechó para estar con su familia.

Chema, ¿dónde conociste el Opus Dei?

En el Club Juvenil Tempero. Fue una sorpresa grande para mí. Me llamó mucho la atención enterarme de que el estudio fuera un medio para tratar a Dios y servir a los demás. El ambiente de compañerismo y de alegría que se respiraba me gustaron mucho. Eran demasiadas cosas estupendas: la vida de piedad, el estudio intenso, divertirse como Dios manda de mil maneras, acudir a campamentos, convivencias y cursos me ayudó a hacer muchos amigos. También añoro las visitas a las residencias de ancianos y personas con discapacidad ¡cuánto bien me hacían!  Pienso que he tenido una infancia feliz y le estoy agradecido a Dios. Eso sí, siempre trabajando duro. En mi casa además siempre vivimos un ambiente cristiano sobrio y exigente, pero con mucha naturalidad. Tengo unos padres que no me los merezco.

¿Esto te llevó a mejorar en tu vida?

Creo que desde que pisé Tempero me he esforzado por ser mejor persona. No sé si lo habré conseguido. Estuve mucho más preocupado de los demás, de agradar a mis padres, de sacar buenas notas. También aprendí a tratar a Dios con confianza y Jesús como un amigo más que íntimo. Esto me hizo pensar mucho en lo que Cristo ha hecho por nosotros dando su vida. Más adelante me planteé – me ilusionaba- si no podía entregar yo mi vida a Dios, dejar todo para seguirle. Por eso decidí un día que tenía que ser numerario del Opus Dei, sueño que se hizo realidad cuando cumplí 18 años.

¿Qué has estudiado?

A los 17 años aprobé la selectividad y, aunque me ilusionaban mucho las Letras, decidí comenzar una carrera más práctica. Así que me fui a Madrid a estudiar Ingeniería Informática, que hoy me sigue gustando. Pero no sabía lo que me aguardaba. Mi vida dio, de repente, un giro inesperado. Allí vivía en un Colegio Mayor del Opus Dei y me fui formando en su espíritu: la santificación en el trabajo ordinario, el servicio a los demás, ser un cristiano coherente en mi vida social y en la diversión. Hice muchos amigos y procuré trasmitirles mi amor a Dios y la maravilla de llevar una vida cristiana.

¿Pero cuál fue el cambio repentino?

Pues mira, el Opus Dei está extendido por los cinco continentes, pero aún no ha cumplido cien años y sigue expandiéndose por nuevos países constantemente. Ahora se está pensando en iniciar la labor en Vietnam, Angola, Bielorrusia…Pues bien, estando en Madrid  se me presentó la posibilidad de irme a vivir a Tierra Santa para continuar mis estudios y ayudar en la labor apostólica que el Opus Dei realiza en la tierra de Nuestro Señor desde el año 1993. No me lo tuve que pensar mucho. Aquello era una oportunidad de oro y a mis 18 años estaba ya viviendo en Jerusalén.

Así. ¿Sin más?

Bueno, creo que los jóvenes tenemos esa ventaja. Nos gustan las aventuras y aquella a mí me parecía maravillosa. ¡Vivir en la misma tierra que Jesús! ¡Conocer y estudiar en aquella tierra! Así que fui a Jerusalén con un visado de estudiante y me puse a estudiar Hebreo intensamente. Un año después comencé mis dos carreras: Historia y Ciencias políticas. Al estudiar Hebreo mi amor a las Letras resurgió y me olvidé de continuar con la Informática. Ahora he terminado las carreras y estoy haciendo un máster en Historia medieval.

Una vista de Haifa

Una vista de Haifa

¿Y vives en Jerusalén?

Estuve allí unos meses. Después me trasladé a Haifa, donde vivimos en una pequeña casa cinco numerarios del Opus Dei -un francés, un brasileño, un gallego y un sacerdote mexicano- con la ilusión de trabajar fuerte y de que muchas más personas conozcan a fondo la persona de Jesucristo. Allí tengo muchísimos amigos. Haifa es una ciudad deliciosa, con un área metropolitana de más de medio millón de habitantes. Es la  tercera ciudad de Israel. Tiene una hermosa bahía mediterránea y está construida a los pies y sobre el bíblico Monte Carmelo. ¿Qué más se puede pedir?

¿Un paraje encantador?

Es muy bella: el mar, la vegetación, los edificios… Además cuenta con dos instituciones académicas muy respetadas, como la Universidad de Haifa y el Technion. Es una localidad que juega un papel importante en la economía de Israel. Tiene varios parques de alta tecnología, entre ellos, el Matam Park, el más antiguo y más grande del país, un puerto industrial y una refinería de petróleo, por ejemplo. No está nada mal, ¿verdad?

¿Y cómo te las arreglas -como católico- en tierra de mayoría judía?

 Haifa es considerada como un modelo de convivencia entre árabes y judíos en Israel. La población de Haifa está compuesta de 82% judíos, 14% árabes cristianos y 4% árabes musulmanes. La verdad es que yo me entiendo con todos. Con los pocos católicos que hay -con los demás también, por supuesto- tengo conversaciones sobre la persona de Jesús y la alegría de ser cristianos. Allí los cristianos tienen una conciencia profunda de su identidad pero un poco a veces por tradición familiar y por cultura, para diferenciarse del resto. En cambio, falta mucha formación entre los jóvenes. Pero se emocionan cuando les hablo de tratar íntimamente a Jesucristo como un amigo, vivir las bienaventuranzas, amar los pobres… seguirle de cerca, en definitiva. Esto les resulta muy atractivo y si además vives en la tierra del Señor, pues no te digo nada.

¿Y tienes también amigos judíos y musulmanes?

Bastantes. Allí te haces amigo de todos. Respetas sus creencias y ellos suelen sentirse muy atraídos por el espíritu de la Obra: santificar el trabajo, vivir las virtudes humanas, ser muy cariñoso con todos… ¡la alegría! Esto les llama la atención y a muchos les lleva a tener una actitud de asombro y respeto por todo lo cristiano. La verdad es que por el centro de la Obra en que vivo pasan todo tipo de personas. Hacemos muchas actividades variadas en la que participan judíos y árabes, tanto cristianos como musulmanes.

con varios amigos en Haifa

con varios amigos en Haifa

¿En qué ciudades de Israel desarrolla su labor el Opus Dei?

De momento hay centros en Jerusalén, en Haifa y Nazareth; aunque viven personas de la Obra en otros sitios. En Jerusalén, el Opus Dei ha promovido –junto con otras personas- la creación y el desarrollo del Instituto de Lenguas y Humanidades Polis, con centenares de alumnos muy variados: musulmanes, judíos, cristianos ortodoxos y cristianos católicos. Hay también profesores de estas mismas denominaciones. Todos trabajan y conviven con una paz y una armonía asombrosas. No te puedes imaginar la naturalidad y el respeto con que nos tratamos con personas de toda religión. Esa apertura a personas de cualquier origen o creencia es una característica irrenunciable del espíritu del Opus Dei. El Instituto Polis es hoy en día el único lugar del mundo donde un estudiante puede aprender al mismo tiempo idiomas antiguos  (griego, latín, hebreo bíblico y siriaco clásico) y modernos (hebreo moderno, árabe literario y dialecto palestino) como si fueran idiomas vivos. Desde el primer día, la lengua enseñada viene a ser el único idioma usado en clase. Los alumnos aprenden a velocidades de vértigo. Es muy original.

¿Y los conflictos?

Están ahí y son muy graves, como todo el mundo sabe. Hay que rezar mucho por esta cuestión que, además, tanto preocupa a todos los Papas, como se ve en el hecho de que los cuatro últimos hayan peregrinado allí. Pero yo diría que a nivel de la calle, cuando no hay una excesiva ideologización, la gente convive pacíficamente y se estrechan en ocasiones fuertes lazos de amistad y hay también bellas historias de amor.

¿Te ha pasado alguna historia simpática?

Puedo contarte muchas. Pero me gustaría hablarte de mi amigo Alaa. Le conocí en Nazaret. Era anglicano. Figúrate, un anglicano en Nazaret. Allí hay de todo. Pues nos hicimos muy amigos. Hablamos de todo lo humano y lo divino y hubo un momento en que decidió hacer la Profesión de Fe en la Iglesia Católica. Así lo hizo, y poco tiempo después pidió además la admisión en el Opus Dei. Ahora está estudiando Medicina en Roma y vive en una residencia universitaria de la Obra.

Alaa (izquierda) y Raghd

Alaa (izquierda) y Raghd

¿Proyectos?

A nivel personal, muchos, y Dios dirá. Pero la Obra como institución se ha embarcado en un proyecto muy ambicioso. Se trata de la construcción -que estará terminada Dios mediante antes de un año- del Conference Center llamado “Saxum”. Está a medio camino entre Jerusalén y Emaús. Comentamos que bien pudo encontrarse por allí el Señor con los discípulos que salían de Jerusalén descorazonados. “Saxum” es un centro de encuentros y espiritualidad. Se trata de que las personas que van a Tierra Santa encuentren algo distinto a lo habitual: un centro donde puedan interiorizar al Jesús que vivió en estos lugares, que conozcan bien las escenas del Nuevo Testamento de los lugares que visitan, que las revivan y que encuentren a Cristo en el fondo de su corazón. Además de una residencia para retiros espirituales, habrá una zona abierta a grupos de peregrinos, que incluirá una capilla con confesionarios y un centro multimedia de vanguardia donde se escenifiquen pasajes del Evangelio; se organizarán allí cursos para guías y los mismos guías podrán utilizar las instalaciones para dar explicaciones a sus grupos. Para su construcción se han contado con donativos de particulares de todo el mundo. Es conmovedor comprobar la generosidad de las personas en todo lo referente a Tierra Santa.

Entrevista realizada por José Luis García González