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“No quise ser como el joven rico del Evangelio”

Oscar López de Foronda tiene 35 años y es profesor de Finanzas Corporativas en la Universidad de Burgos. A través de su actividad académica ha podido conocer a mucha gente y viajar por el mundo.  A su paso por Valladolid nos habla de diferentes sucedidos y proyectos.

¿Cómo conociste el Opus Dei?

Conocí el Opus Dei de joven. Asistí a un campamento del club Montauca y luego empecé a participar en las actividades del club: excursiones, planes deportivos, aprendí marquetería…además de estudiar mucho, claro.

Pero de ahí a pertenecer al Opus Dei…

Poco a poco mejoró mi vida de piedad. Empecé a leer con asiduidad el Evangelio y aprendí a hacer oración. Al principio costaba, pero al mismo tiempo notaba que Dios me pedía más y recuerdo que me impactó especialmente la historia del joven rico del Evangelio y me dije: “Yo no quiero ser como él”. Así que, a pesar de lo mucho que me costaba, decidí ser de la Obra; pero tuve que esperar a mi mayoría de edad para pedir la admisión.

Tus estudios…

Estudié Administración de Empresas y me gustaban las clases y el ambiente universitario, por lo que decidí dedicarme a la enseñanza. Así, pienso que con la ayuda de la Providencia, obtuve la plaza de profesor titular en la Universidad de Burgos el día 9 de enero de 2002, aniversario del centenario de San Josemaría, un pequeño regalo de Dios.

Todo sobre ruedas…

¡Qué va…! Eso no supuso que Dios me ahorrara ningún esfuerzo; de hecho, tardé mucho más tiempo del previsto en hacer mi tesis doctoral ¡7 años! Pues me encontré con dificultades en mi investigación y fue un tiempo de intenso trabajo que me fue muy útil para mejorar la propia investigación.  

¿Y qué tal el trabajo ahora?

Me gusta la vida académica, y además he podido conocer a mucha gente y viajar por el mundo, algo que me agrada. Por ejemplo, desde hace cinco años doy un curso en una Escuela de Finanzas en Angers (Francia). Allí he hecho  buenos amigos y he ayudado a muchos en sus problemas.

¿Les hablas también de la Obra?

Por supuesto. En una ocasión, después de una clase me puse a mirar el email sin percatarme que estaba el cañón encendido y todos vieron un mensaje de la página web del Opus Dei de una información que buscaba. Yo no me di cuenta. A mi regreso a Burgos recibí un email de una estudiante contándome que dos sobrinas suyas habían muerto al poco de nacer y que estaba hundida. Recurría a mí porque  sabía que era del Opus Dei y quería que le aconsejara. Le hice ver que Dios es infinitamente bueno y misericordioso y le animé a recuperar la piedad de niños para acudir a Dios en busca de consuelo ante el dolor. Ahora ha vuelto a la práctica cristiana y es ella quien da consuelo a toda la familia y transmite una gran felicidad.

¿Alguna anécdota más de esas estancias?

Un día, en esta misma ciudad, fui a la Catedral a rezar un poco y me encontré con decenas de universitarios  y me dije:  “para que luego digan que los chavales están perdidos”. Pregunté a uno y me dijo que eran un grupo carismático  que iban a tener una misa y un rato de oración ante el Santísimo Sacramento. Aproveché para darle una estampa de San Josemaría y me quedé con ellos casi dos horas.

Un encuentro así, con gente joven, debió ser muy grato…

Mucho, aunque al día siguiente me fui a otra iglesia y sólo me encontré con personas mayores. Curiosamente se me acercó una ancianita y me sonrió. Yo la saludé y le di una estampa del Fundador del Opus Dei. Se rió, me cogió del brazo y, sin hablar mucho, me llevó a su casa. Allí me ofreció un aperitif mientras ella hacía una llamada telefónica. Enseguida me pasó el teléfono y oí al otro lado a una mujer que me dijo que ella y su marido eran de la Obra. ¡Caramba! Me invitaron  a cenar y me presentaron a sus hijos.  Pasó un rato muy agradable.


Decías que viajas mucho…

Bastante. Recuerdo un viaje a Sydney para trabajar con un colega, que me trató muy bien. Cuando le dije que era de la Obra se lo contó a su novia y al día siguiente me dijo que su novia, que según entendí era una exotic danzer, había leído el libro Da Vinci Code y que le hacía ilusión conocer a alguien del Opus Dei. “¡Vaya –me dije- como si fuera un marciano, o un koala raro de esos o algo así!” Comí con ellos y hablamos de todo y creo que vio que soy una persona normal como todo el mundo. Me han dicho que les gustaría venir a España a verme.

¿Y en tu universidad?

Sé que tengo que santificar el trabajo y eso cuesta bastante esfuerzo. Pero también he vivido momentos muy gratos. Por ejemplo, organicé una cofradía universitaria para sacar un paso al que llamamos “El Cristo de los estudiantes”. Es un modo de difundir el espíritu cristiano entre profesores y estudiantes.  Aunque he sido sólo un promotor, no he podido salir porque cada año en Semana Santa participo con estudiantes de la Universidad en el congreso UNIV que se celebra en Roma. He hecho un poco de capitán Araña.

Háblame del Univ…

Este Congreso Universitario Internacional es muy interesante. Se debaten temas de fondo que tienen que ver con los valores de la cultura occidental.  Mis estudiantes y yo presentamos comunicados muy trabajados. Además tenemos la posibilidad de asistir a una Audiencia con el Papa y de vivir la Semana Santa en Roma,  lo que resulta muy emotivo. Muchos vienen removidos de estos viajes y recuperan la fe o mejoran la práctica de los sacramentos y el trato con Dios. Hemos hecho comunicaciones relativas a iniciativas sociales que se han plasmado en ayudas concretas a un comedor de inmigrantes o al banco de alimentos. Además la universidad está contenta porque dos años conseguimos ganar el premio de la mejor comunicación del Foro Internacional.

¿También organizas otras actividades en la Universidad?

Varias. El año pasado, por ejemplo,  organizamos un curso a favor de la cultura de la vida. Una semana  antes teníamos 10 matriculados y disponíamos de un auditorio para más de 100 personas. Traíamos buenos ponentes de Bioética, de Derecho y representantes de Asociaciones en defensa de la maternidad que venían de toda España. Lo pusimos en manos de Dios e hicimos un gran esfuerzo de difusión los días previos. Al final se matricularon más de 130 estudiantes de todas las facultades. Ha sido uno de los cursos más numeroso de los organizados de forma optativa dentro de la Universidad y los estudiantes aplaudieron muchas de las charlas en las que tuvieron ocasión de valorar la vida del embrión, la importancia de cuidar la maternidad y la necesidad de poner más amor en situaciones de indefensión de la mujer embarazada. Pero nos costó lo suyo y pasamos momentos de particular agobio.

O sea, ¿que te lo pasas bien?

Sí. Tengo buenas anécdotas que me han ido ocurriendo y que, en fin, son historias que te hacen ver los aspectos positivos de la vida y la gracia divina que hay detrás. Me considero una persona afortunada.