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“O te das o te atrofias”

María Jesús Otero, numeraria del Opus Dei y enfermera de profesión, decidió siendo todavía muy joven dedicar su vida y su tiempo a ayudar a los demás. Ha vivido nueve años en Kenya y más de veinte en Uganda, donde asegura ser "muy feliz". Esta vallisoletana se define a sí misma como "una ciudadana normal que dedica sus energías a proyectos humanitarios".

 

Entrevista a María Jesús Otero, enfermera Vallisoletana en Uganda María Jesús Otero, numeraria del Opus Dei y enfermera de profesión, decidió siendo todavía muy joven dedicar su vida y su tiempo a ayudar a los demás. Ha vivido nueve años en Kenya y más de veinte en Uganda, donde asegura ser "muy feliz". Esta vallisoletana se define a sí misma como "una ciudadana normal que dedica sus energías a proyectos humanitarios".

Su labor como enfermera en Uganda, y más concretamente en su capital, Kampala, tiene un destino concreto, los suburbios. Con un grupo de universitarias pertenecientes al Teemba Study Center ha puesto en marcha una «clínica móvil», que recibe donaciones de empresas farmacéuticas y de otros colectivos, con lo que pueden completar consultas y tratamientos

Tras décadas trabajando en Kenya y Uganda, María Jesús Otero, piensa en inglés, «me cuesta recordar algunas palabras en español», y aunque tenga el corazón repartido entre España y Uganda esta vallisoletana afirma que "como vivo día a día con tanta satisfacción, no pienso en lo que he dejado".

¿De dónde nace su vocación de ayudar a la gente

Desde muy pequeñita quise ser enfermera y el hecho de elegir esta profesión indica que piensas en qué se puede hacer por los demás. El haberme ido a otro continente es un paso más, allí hay mucha gente con más necesidades y menos facilidades. Como a muchos miles de personas de todo el mundo, el mensaje de San Josemaría ha influido mucho en mi vida personal y social, pero quizás no se sepa tanto sobre todo lo que este mensaje ha hecho en la vida de África. Por ejemplo, cuando el Opus Dei llegó a Kenya -antes de que este país lograra la independencia- nadie podía imaginar no hacer diferenciación entre razas. El fundador del Opus Dei se empeñó en que se promovieran iniciativas educativas, asistenciales y formativa que evidenciaran que sólo hay una raza, y es la de los hijos de Dios

La gente suele quedarse siempre con la imagen negativa, una imagen que no es real. Evidentemente, estamos hablando del Tercer Mundo, así que la situación económica es muy mala. Hay muchas necesidades que aquí consideramos básicas y que allí todavía están intentando satisfacer. Pero en ningún momento la gente se siente frustrada porque no tienen ciertas cosas que a nosotros nos parecen imprescindibles. Tienen otros valores, son felices con lo poco que tienen y saben compartirlo con los demás. Esto no quiere decir que sean pasivos, que no tengan horizontes en la vida o que no se les plantee el progreso. Claro que se les plantea, y cuando viene lo aceptan y lo agradecen, pero mientras no esté ahí, no tienen ansias de ello. Es muy importante que Occidente entienda que hay que ayudar a los africanos a que crezcan por sí mismos. Hay mucha gente capaz y preparada, con buenos proyectos y que se merecen todo el apoyo. Esta es la filosofía, por ejemplo, de Harambee, un proyecto de ayuda a África que surgió en la canonización de san Josemaría, y que ya ha apoyado a muchas entidades y programas en todo el continente.

¿Qué clase de trabajo desempeña en Uganda?

Tenemos proyectos relacionados sobre todo con la formación de la mujer. Recientemente hemos creado una escuela de hostelería para ayudar a que a la mujer se la reconozca, que se reconozca su dignidad y que ellas mismas se den cuenta de lo que pueden hacer como mujeres. Esto las ayuda a conseguir trabajos, por ejemplo en hoteles, ahora que el país se está recuperando y se están abriendo las puertas al turismo.

¿Y cuando estuvo en Kenia?

Entonces trabajé más con niñas bachilleres. Con ellas hicimos proyectos de voluntariado, íbamos a zonas de suburbios con clínicas móviles y las estudiantes de Medicina y bachilleres atendían a los más necesitados y ayudaban en lo que podían. Esto demuestra que esta gente no está sólo a recibir; como todo ser humano, o das o te atrofias.

¿Ha corrido alguna vez algún tipo de peligro?

Nunca he vivido una situación de riesgo en Uganda porque cuando llegué en 1986 el país ya estaba en paz. Allí la vida es normal, no es como esas imágenes que vemos en la televisión de niños viviendo en la miseria, aunque también las hay. Pero claro que tenemos cosas, desde un ordenador a un móvil, una televisión en casi todas las casas, coches en las calles y toda clase de facilidades.

¿Llega ayuda de los países ricos?

Claro que llega ayuda, pero en lo que hay que fijarse es en que los proyectos que se presenten sean honestos. La escuela de hostelería, por ejemplo, empezó gracias a la ayuda de Austria. También estamos en contacto con familias españolas que apadrinan las becas de las niñas que vienen al colegio de hostelería y a niños huérfanos de sida para que puedan estudiar secundaria.

El sida sigue siendo un grave problema en estos países. ¿Cómo se puede luchar contra él?

La verdadera lucha comienza por cambiar las pautas de comportamiento. Un proyecto que estamos llevando a cabo en Uganda y del que estoy muy orgullosa es un programa de educación sexual llamado Abc' y que ya es conocido en todo el mundo por los resultados que ha obtenido.

¿Qué es lo que más echa en falta de España?

Por supuesto, a la familia. Pero como vivo día a día con tanta satisfacción, no pienso en lo que he dejado. En realidad tengo el corazón repartido entre España y Uganda.

¿Cómo ha visto nuestro país después de veinte años?

He visto a España muy cambiada, para unas cosas mejor, pero para otras yo diría que nos estamos olvidando de valores que antes nos daban muchísima felicidad. Ahora es solo lo que tengo, y si lo tengo me agobio y no soy feliz. Veo que la gente tiene necesidades que destruyen la familia, y que por supuesto, no les hacen felices.

¿Anima a la gente a que viva su misma experiencia?

Por supuesto, animo a todo aquel que tenga la oportunidad, y si no la tiene, que ayude aquí, que también se puede hacer mucho.