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– Las primeras mujeres del Opus Dei

El fundador descubrió la extraordinaria valía humana y espiritual de esta mujer, curtida por el sufrimiento en plena juventud. Una tarde de 1942 estuvo donde vivía Encarnita, en el primer Centro de mujeres del Opus Dei, para hacerles ver la responsabilidad de su misión, al ser las primeras mujeres del Opus Dei.

Recordaba Encarnita tiempo más tarde:

"Nos reunió en la biblioteca a las tres que allí estábamos. ¡Eramos pocas más en todo el mundo! Sobre la mesa extendió un cuadro que exponía las distintas labores que las mujeres del Opus Dei iban a realizar en el mundo.

Sólo el hecho de seguir al Padre, que nos lo explicaba con viveza, casi producía sensación de vértigo: granjas para campesinas; distintas casas de capacitación profesional para la mujer; residencias de universitarias; actividades de la moda; casas de maternidad en distintas ciudades del mundo; bibliotecas circulantes que harían llegar la lectura sana y formativa hasta los pueblos más remotos; librerías… Y, como lo más importante, el apostolado personal de cada una de las vocaciones de la Obra, que no se puede registrar ni medir.

Debíamos expresar con la mirada nuestro deseo de realizar lo que el Padre nos había expuesto, pero también nuestra impotencia, porque doblando despacio aquel cuadro nos dijo:

-Ante esto se pueden tener dos reacciones: una, la de pensar que es algo muy bonito, pero quimérico, irrealizable; y otra, de confianza en el Señor que si nos ha pedido todo, nos ayudará a sacarlo adelante. Espero que tengáis la segunda”.