¿Qué te pasa?: ¡Cuéntame!

El viernes 4 de Septiembre me encontré ¡por fin! en el autobús camino de Torreciudad. Durante el viaje me imaginé a la Virgen a mi lado, con la prontitud de llevar consuelo y ayuda a todo el que se lo pida. En esta ocasión, era yo la que iba a buscar esa ayuda y  consuelo.

Hicimos noche en Zaragoza, y visitamos a la Virgen del Pilar. Sus calles estaban llenas de familias que también iban al día siguiente a Torreciudad, con motivo del 25º aniversario de la Jornada de la Familia, disfrutando de una noche cálida.

Ya he viajado en otras ocasiones a este lugar mariano, y siempre que voy, siento ese remanso de paz y felicidad, que nos llega a través de la Virgen. La llegada al recinto es digna de elogio y aplauso: organización perfecta, ver a esos jóvenes simpáticos y entusiastas ofreciéndonos su ayuda.

Para mí, entrar en el Santuario es estar en la “antesala del cielo”, me invade una alegría y emoción desbordante, y noto que la Virgen me susurra: ¿Qué te pasa?, cuéntame. Y este año, venía a pedirle por la curación de mi marido enfermo de cáncer, y antiguo romero de este Santuario en nuestro viaje de novios. Ya entonces, recién casados le pedimos a la Virgen por el proyecto común que empezábamos a vivir. Ahora con once hijos, fruto de ese amor, y bajo su amparo, le pedí fuerza, amor, aceptación y el milagro de su curación.

Me enterneció ver a los niños a hombros de sus padres saludando a la Virgen cuando pasaba a su lado, durante el recorrido por la explanada rezando el Rosario. Y luego, ese aplauso espontáneo para San Josemaría, que nos enseñó a amar a la Virgen y fue el gran impulsor de este nuevo Santuario. En el fondo de mi corazón, yo también aplaudía y agradecía a la madre de este santo, esa fe y ese amor que le llevó a ofrecer a la Virgen a su hijo, para que no muriera a los dos años de edad, cuando el médico le daba ya por desahuciado. Asombroso su sacrificio en esa romería que hizo por estas laderas de los montes de esta zona. Empezó una romería, a la que ahora nos sumamos miles de peregrinos de todos los puntos de España.

Fue todo “un lujo” rezar el Ángelus, asistir a la Santa Misa, rezar el Rosario y asistir a una breve tertulia con el Prelado del Opus Dei –D. Javier Echevarría-. Allí nos habló de  amar a Dios y a todo el mundo, pidiendo especialmente por los que sufren, emigrantes, desterrados y enfermos. Nos animó a ofrecer pequeños sacrificios que nos cuesten,  para hacer más agradable la vida de los que nos rodean, y a volcarnos en primer lugar con nuestra familia y amistades. ¡Cuántos temas para meditar y poner en práctica! Terminada la Jornada, te vuelves a casa feliz, y con un  gran deseo de volver.

Fdo.: Mª Jesús Jorge Gonzalo