Regalar una parte de tu tiempo a los demás

Me llamo María, tengo 15 años, y he estado en Hungría este verano en un hospital de enfermos, en “Diösjeno” (Hungría). La razón que me movió a ir, es que quiero ser enfermera. ¡Para mí ha supuesto una oportunidad única!.

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Me impactó el recibimiento que nos hicieron al llegar: todos los enfermos nos esperaban a la entrada  gritando ¡¡¡Viva España!!!. Nos pusimos a cantar y bailar con ellos; se sabían estas dos canciones españolas: “La Macarena” y “Qué viva España”. Me llamó mucho la atención que estas personas que no nos conocían a la mayoría, se pusieran tan contentas al vernos llegar. Están durante todo el año esperando con ilusión que llegue otro verano, y que vayamos a verles.

Una de las vivencias “más fuertes” que he tenido esos días fue acompañar a una mujer mayor –María-, que estaba muriéndose de cáncer de estómago. Tuve la suerte de pasar ratos con ella en su habitación, junto con otras  voluntarias. Para no molestarle mucho, yo me quedaba cerca de ella, rezando el Rosario, y mientras lo rezaba “pensaba” en lo afortunados que somos por tener una familia que nos quiere. Por eso, me daba mucha pena verla sola, y sin familia a su lado. Al terminar de rezarlo, me puse más cerca, y empecé a decirle palabras bonitas, a darle besos, abrazos, y sobre todo a animarle. Aunque ella no sabía español, y yo tampoco húngaro, creo que por su actitud lo agradecía.

Nuestro trabajo consistía en acompañar a los enfermos y hacerles actividades variadas. Los trabajadores nos pedían colaboración para que limpiáramos zonas del hospital, pintáramos verjas,  ayudáramos en la cocina o en el jardín quitando rastrojos, etc.

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Personalmente me ha gustado mucho ir, porque me ha ayudado a salir de “mí misma y de mis cosas”. Animo a todos los jóvenes a hacer algún día voluntariado, sea donde sea, no importa dónde, en una residencia de ancianos, en un hospital  o en casa de tu vecina. Lo importante es regalar una parte de nuestro tiempo a los demás.