Tras cincuenta y seis años de matrimonio

Pilar Álvarez Fernández es Supernumeraria del Opus Dei desde el año 1964. Actualmente reside en Simancas (Valladolid). Nos habla de su larga vida matrimonial, con una mirada llena de optimismo.

Mi primer contacto con el Opus Dei

Fue en Valladolid en el año 1960 a través de la familia de mi marido. Estaba recién casada, y Miguel me había contado en varias ocasiones, que de niño, había conocido a San Josemaría en casa de sus padres.

Me llamó poderosamente la atención la alegría que tenían las personas de la Obra que conocí. Años más tarde, -en 1964-, solicité la Admisión como Supernumeraria. Han pasado ya cincuenta y un años!

Al ir “haciendo vida” el espíritu de la Obra, comprendí vivamente que vivir cerca de Dios te ayuda a encontrar la paz interior, incluso en los momentos más dolorosos de la vida por los que nos toca pasar: enfermedades, incomprensiones, contrariedades, sean del tipo que sean. También lo aprendí leyendo y meditando los escritos del Fundador que en uno de sus libros dice: “La verdadera alegría tiene sus  raíces en forma de cruz”.

Para mí, ser Supernumeraria me ha  supuesto “ver la vida matrimonial,  familiar, con una visión nueva, con gran ilusión, esperanza, y con sentido de misión”. Se cumple así la promesa del Señor: “El que me sigue, no caminará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida”.

En las Bodas de Oro

En las Bodas de Oro

Somos una gran familia

Tengo siete hijos, dieciséis nietos, y una biznieta. En el año 2011, celebramos nuestras bodas de oro.  La Misa oficiada por nuestro hijo Miguel en la ermita de Simancas. Fue muy emocionante, y ha sido ocasión para volvernos a reunir la familia al completo, y aprovechar para darle muchas gracias a Dios.

Miguel, nuestro hijo sacerdote atiende actualmente la parroquia de Coslada en Madrid

Para nosotros, tener un hijo sacerdote es un gran tesoro, y una alegría muy grande. Aunque no vive cerca, siempre está implicado en todos los acontecimientos familiares que van sucediendo: bautizos, bodas, funerales.

En el año 1.986 celebramos las bodas de plata, y fuimos a verle a Roma donde estaba cursando sus estudios de Filosofía y Teología. Nos tenía preparada “una grata sorpresa”: asistir a la Santa Misa celebrada por el Papa San Juan Pablo II en su capilla privada. Luego,  una breve audiencia en la que nos fue saludando uno a uno. Se interesó por nuestros hijos, nos felicitó por nuestro aniversario de bodas, y se volcó especialmente en detalles de afecto con nuestro hijo Miguel. Al terminar, nos regaló un Rosario a cada uno que conservamos como una reliquia.

Miguel con S. Juan Pablo II

Miguel con S. Juan Pablo II

Fundador de la orden religiosa “Comunidad de la Presencia del Señor”

En el año 2014, fue aprobada por el obispo de  Alcalá Henares,  una orden religiosa fundada por nuestro hijo. Su misión es difundir el culto a la Eucaristía y  la doctrina de Jesucristo. Ya tiene un grupo de vocaciones. Cada día le pido al Señor por la santidad de mi hijo,  por las personas que han respondido a este camino de servicio a la Iglesia, y  por todas las vocaciones que llegarán a lo largo los tiempos, para que den el fruto que Dios desea.

El tesoro de la cruz

Otra fecha que no puedo olvidar cada día: el veinte de octubre de 2003, falleció nuestra hija Cruz a los 35 años, después de luchar durante nueve años contra la enfermedad de leucemia. Estaba casada, y tenía dos hijos adoptados. Para todos nosotros fue un ejemplo maravilloso de fe, fortaleza y abandono en la voluntad de Dios. Ella era también Supernumeraria del Opus Dei. Su enfermedad nos mantuvo a toda la familia “rezando y unidos como una piña”. Ahora sentimos su protección desde el cielo. Pienso, que Dios la eligió como una piedra preciosa que “quiso pulir a fuerza de dolor”. Tenía una gran devoción al Vía Crucis, y esto le ayudó a olvidarse de sí misma, meditando frecuentemente la Pasión del Señor. Publicó en la revista “Agua Viva”, unas reflexiones que tituló: “La fe y los planes de Dios”, que más tarde incluimos en su recordatorio.

Cruz con su familia

Cruz con su familia

Mi encuentro con San Josemaría y con el beato Álvaro del Portillo.

San Josemaría pronunciando la tan conocida homilía del Campus

San Josemaría pronunciando la tan conocida homilía del Campus

No quiero dejar de contar mi breve encuentro en el año 1967 con San Josemaría en Pamplona. Fui con mi marido y otro matrimonio de Valladolid, al encuentro de “Amigos de la Universidad de Navarra”. Pude asistir a la Misa que celebró en el Campus, y escuché conmovida la homilía  de “Amar al mundo apasionadamente”, que luego he llevado tantas veces a mi oración personal. Al finalizar la Misa pudimos saludarle personalmente. Me llamó la atención su alegría y espontaneidad. Estaba embarazada precisamente de mi hija Cruz,  me la bendijo con gran cariño, cosa que me emocionó mucho en ese momento, y cada vez que lo recuerdo.

Don Álvaro del Portillo

Don Álvaro del Portillo

Veinte años más tarde, en Julio de 1987, el entonces Prelado del Opus Dei, Álvaro del Portillo, viajó a Valladolid. Tuvimos una tertulia en una casa de convivencias llamada Aldebarán, cerca de Simancas. Al finalizar reconoció a mi suegra que iba en silla de ruedas, y estaba colocada cerca del estrado. Se acercó a saludarle con mucho cariño. A nosotros que estábamos a su lado, nos emocionó este detalle.

Consejos a los matrimonios jóvenes

Con la experiencia de mis casi “cincuenta y seis” años de casada, y ahora que acaba de finalizar el Sínodo de las Familias convocado por el Papa Francisco, me gustaría dar tres consejos a los jóvenes que estrenan su matrimonio:

1º Que se quieran con sus defectos, porque todos los tenemos.

2º Que aprendan a perdonarse.

3º  Y que tengan sentido del humor, ya que lima muchas asperezas.

Foto familiar

Foto familiar en la ermita de Simancas

Fdo.: Pilar Álvarez Fernández