¡Un lugar donde se respiraba alegría y cariño!

Me llamo Carlota, soy universitaria, y desde hace muchos veranos hago voluntariado. Puedo asegurar que nunca es suficiente. En ningún lugar aprendes lo mismo, ningún año es igual a otro, y aunque repitas el país,  siempre aprendes  algo nuevo.

Una de las cosas que más me ha influido a la hora de hacer voluntariado, es la actitud del resto de las voluntarias en esos días de estrecha convivencia. Durante estos años, he podido comprobar que con muy poco, podemos hacer grandes cosas, y que se puede hacer feliz a mucha gente.

 Este año el voluntariado lo hice en Fátima (Portugal) a finales del mes de Julio, en dos lugares diferentes: por las mañanas en una residencia de ancianos, y por las tardes en el hospital de niños discapacitados “Juan Pablo II”.

En la residencia nuestro cometido era ayudar en la lavandería, hacer las camas, pasar tiempo con las personas mayores estimulándoles con fichas, juegos específicos o simplemente dándoles conversación o jugando con ellos al dominó. Pudimos ayudarles a preparar la “Fiesta de los Abuelos”, ya que el 26 de Julio estábamos allí.  Los dos últimos días fuimos con un grupo al Santuario de la Virgen de Fátima.

A diferencia de otros años,  una de las grandes ventajas que hemos tenido es el idioma, ya que nos entendíamos mejor, y podíamos intercambiarnos experiencias comunes.

En el hospital nos dedicábamos a pasear a los niños por los alrededores del edificio; los que no podían salir  fuera les paseábamos por dentro; allí les cantábamos, bailábamos y les  hicimos la actividad de globoflexia que les gustó mucho. Los que no podían hablar, se comunicaban con nosotras a través de sonidos vocales, golpes, etc., pero todos sus signos reflejaban alegría, felicidad y emoción que nos manifestaban cuando estábamos con ellos.

Era un lugar donde se respiraba cariño y alegría por todas partes; todos los trabajadores del hospital estaban sonrientes, atentos, y dispuestos a ayudarnos en todo lo que necesitábamos. Y siempre que se cruzaban con algunos de los niños,  les hacían una muestra de afecto o les decían algo cariñoso.  Para mí ha sido una experiencia inolvidable.