Salvadorp

“Vente conmigo a Suchitoto”

Vuelvo a daros la tabarra. Si os acordáis, en junio escribí en esta web un testimonio. Contaba que tenía otro hermano gemelo de la Obra –los dos con 26 años, los mismos, como es de suponer- , y que trabajaba como sociólogo Mini Mileurista. También hablaba de mi dedicación a una causa social: la búsqueda de fondos para la operación de niños en R.D. del Congo. La iniciativa, llamada "Amigos de Monkole".

En ese artículo mostraba en parte mi estado de ánimo el plan interrogativo. Te habrá pasado a ti también. Seguro que alguna vez te has preguntado a ti mismo ¿Qué hago yo aquí? ¿Es esto lo que quiero para mí? Y después de hacerte esa pregunta y de conocer la respuesta ¿Qué has hecho? ¿Has agachado la cabeza y has continuado como estabas? Yo decidí levantar la cabeza y lanzarme y ahora…aquí estoy: en El Salvador. Esta es mi historia.


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Como contaba, desde no hace mucho tiempo, empezaron a interesarme los temas relacionados con la cooperación al desarrollo. Gracias al trabajo que he realizado con Amigos de Monkole me he ido entusiasmando en esta aventura. En junio dejé el trabajo en el que estaba y posteriormente me matriculé en un postgrado de Cooperación Internacional al Desarrollo. Fue entonces cuando la novia de un amigo me habló de la existencia del Programa Jóvenes Solidarios de la Junta de Castilla y León.

Bibi con niños

Días después de esa conversación, decidí inscribirme y probar mi suerte. Después de pasar varios procesos de selección me confirmaron mi elección para ir a El Salvador. Trabajaría en una ONG local. Aquello fue una gran alegría, puesto que además de seguir estudiando, ya que el máster es on-line, podía desarrollarme profesionalmente sobre el terreno.

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Pasado ya el primer mes salvadoreño debo reconocer que la experiencia está siendo impresionante. Vivo en un pueblo llamado Suchitoto, junto a personas que sobreviven con menos de 1 dólar diario. He visto pobreza y he palpado lo que es no tener dinero. Junto a mí viven familias con nada, más que una habitación donde dormir, cocinar y platicar. Sin baño y con una inmensa felicidad.

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Esta alegría y generosidad de la gente es algo que siempre he oído hablar en los círculos de cooperación pero que no lo sientes realmente hasta que no lo ves con tus propios ojos. Es algo que llama poderosamente la atención. Un simple comentario como “me gusta tu camiseta” o “me encantan los espaguetis” ha provocado que al día siguiente me ofreciesen la camiseta y me sirviesen espaguetis, aunque casi tuvieran que aprender a cocinarlos. ¿De verdad se puede ser tan generoso? Esta gente me ha demostrado que sí, es posible.

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En mi trabajo apoyo la implementación de una estrategia de comercialización comunitaria, tomando como base la producción obtenida de plantaciones frutales y hortalizas. Se trata de ayudar a que las personas no sólo cultiven para su propia subsistencia, sino que tengan excedentes y los vendan en los mercados. Así, los hijos tienen la oportunidad de continuar sus estudios y salir de la pobreza.

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Asimismo, los salvadoreños, como todo Centroamérica, son personas con un sentido religioso que se palpa en su forma de vida, en su quehacer cotidiano y en esa facilidad que tienen para pensar en los demás. Sorprende esta filosofía con la aridez europea y ese vivir, cada vez más común en España, como si Dios no existiera. Esto me ha hecho ampliar mi visión y mis esquemas mentales; divertirse y vivir la fe plenamente es algo perfectamente compatible.

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Para terminar me gustaría decir que se necesita gente emprendedora, audaz y valiente para cumplir sus sueños, para aspirar a metas altas en la vida. Decidir tomar las riendas de tu vida y no dejarse llevar por lo que hacen los demás. Hacer lo que tú consideres conveniente, lo que Dios te pida. ¡Sé el protagonista de tu propia vida!

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