Volamos desde Moscú

Jaime Falcó nació en León hace 38 años; pero su familia vive desde hace tiempo en Valladolid. Pasó en esta ciudad varios años en los 90 y después residió en Gijón, Santander y Roma. Hace un año se trasladó a Moscú. Estudió Administración de Empresas y se ha dedicado a la enseñanza, ocupando cargos directivos. También ha colaborado con asesorías económicas, creó su propia empresa y en Moscú alterna su trabajo en la  Fundación Holy Family con la implantación de lo que puede ser una futura Escuela de Negocios. En agosto ha realizado un curso de verano en el Colegio Mayor Peñafiel de Valladolid al tiempo que ha estado con su familia.


Jaime, un buen periplo nacional e internacional…

Sí, por cuestiones de trabajo y de atención a las necesidades apostólicas -soy numerario del Opus Dei- he cambiado bastante de lugar de residencia. Algo a lo que ya estaba acostumbrado desde pequeño porque mi padre es militar.

Y ahora vives en Moscú…

Sí. Estaba realizando unos estudios en Roma y hacían falta más personas para el desarrollo de la labor apostólica en Rusia. Así que hice las maletas y me trasladé a un país bastante desconocido para mí. Este primer año he tenido que recibir clases de ruso acelerado. Ya me desenvuelvo relativamente bien en la vida ordinaria, aunque para preparar conferencias  tengo que aplicarme un poco más, pero voy cogiendo el tranquillo.

¿Te ha costado adaptarte?

Hay novedades, lógicamente. Allí en invierno hace una media de 15º bajo cero, a veces alcanzamos los 30º bajo cero. Hay nieve permanente desde noviembre a abril. Pero no pensaba que me iba costar tan poco “aclimatarme”. Uno se hace a todo. Lo cierto es que me hace ilusión ser uno de los primeros del Opus Dei que están trabajando en un país que, hasta la caída del muro, era impensable realizar una tarea apostólica por una institución católica. Pero existen los milagros y allí estamos.

¿Hay muchos católicos?

La verdad es que el porcentaje es mínimo. Antes del comunismo era un país de mayoría ortodoxa. Ahora la gente está volviendo a Dios y lo normal es que acudan a sus anteriores prácticas, pero es grande la sed que hay de Dios y acuden también a la Iglesia Católica con mucha normalidad. La mayoría de mis amigos y de la gente que acude por el Centro de la Obra es teóricamente ortodoxa,  pero en la práctica se hacen menos distinciones. No hay ningún problema en este sentido. Existe una sana colaboración. Son muchos millones de personas los que necesitan que se les hable de Dios. El ruso medio está abierto a la trascendencia. En las iglesias siempre hay gente, aunque aún falta mucho por evangelizar a fondo.

¿En qué ciudades de Rusia trabajáis?

En Moscú. La labor apostólica ha comenzado hace solo 8 años, aunque en otros sitios ya había gente de la Obra anteriormente. Atendemos un Centro que es también una residencia de estudiantes. Ahora vivimos 15 y además de rusos hay gente de otras 6 nacionalidades. Variopinto, ¿verdad?

¿Llegáis a más ciudades?

Sí. Viajamos con frecuencia a San Petesburgo, donde hay un buen grupo de personas que asisten a medios de formación espiritual. Hay dos sacerdotes de la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz en Puskin desde hace muchos años y realizan una extensa labor parroquial. Viajamos además mensualmente a Ucrania, en concreto, a Kiev, donde también muchas personas reciben formación.

¿Cómo conocéis a la gente siendo casi todos foráneos?

Pues muy sencillo, como todos en el Opus Dei, lo normal es que sea en nuestros lugares de trabajo o de  estudio. También organizamos Cursos de Orientación Familiar dados por expertos. Suelen participar sobre todo matrimonios jóvenes. La experiencia es muy buena. Hace poco una pareja terminó el curso entusiasmada: nos contaron que acudieron en un momento en que estaban pensando separarse, pero tras lo aprendido en los cursos veían que tenían muchas armas para salvar su matrimonio. Estaban felices.

¿En qué situación se encuentra allí la institución familiar?

Como consecuencia de los años de comunismo hay mucha gente que se encuentra sin familia. Apenas conocieron a sus padres, porque el estado se encargaba de su formación integral en escuelas especiales. Tampoco el ateísmo impuesto facilitaba una espiritualidad que sustentase los matrimonios. Hoy se está intentando revertir esta situación y fortalecer la familia desde la propias instancias gubernamentales. Es obvio que la estabilidad familiar  repercute en la estabilidad social y el país lo necesita.

Son llamativos incluso los esfuerzos en este sentido por mantener una elevada moralidad pública. Lo cierto es que el estilo de vida occidental, a veces carente de valores, no es del gusto del pueblo ruso y sorprenden bastantes ciertos modo de vida occidentales. Desde luego, no he visto un ateísmo beligerante ni un laicismo anticristiano semejante al de Occidente.

¿Cómo es Moscú?

Tiene alrededor de 15 millones de habitantes y, como es lógico, hay zonas mejores que otras. Es una ciudad curiosamente  multicultural. No me lo esperaba. Me ha sorprendido. Hay muchísima gente por la calle y en los transportes. No he visto tal cantidad de gente en ninguna otra. La gente es muy cortés y educada. Son más bien serios y con el toque nostálgico que conocemos por las novelas rusas. Pero no es difícil entablar amistad con ellos. Tengo un amigo ortodoxo que a raíz de nuestra amistad y conocer el espíritu del Opus Dei, se ha convertido al catolicismo: en una misma ceremonia hizo la Profesión de Fe, se casó por la Iglesia y bautizó a sus dos hijas ¡y sólo llevo hablando algo de ruso unos meses! También tengo amigos que hablan inglés y nos entendemos muy bien. Pero mi idea es hacerme ruso 100%.

¿A qué te dedicas en concreto?

Los primeros meses estudié el idioma intensamente. En cuanto pude moverme, estoy colaborando en una Fundación rusa llamada Sagrada Familia y estoy en contacto con la Escuela de Negocios San Telmo de Sevilla para iniciar algo similar allí, que para eso es mi profesión.

¿Organizáis actividades en el Centro?

Acude gente de todas las edades, pero realizamos muchas actividades para chicos de entre 18 a 30 años. Muchas culturales: sobre autores rusos -hay 500 teatros en Moscú-, conferencias, conciertos, una actividad de emprendedores, comidas, cenas frías, conciertos. A algunas de estas actividades acuden cerca de un centenar de personas. Además están los Cursos de Orientación Familiar en Moscú y San Petesburgo a que me he referido al principio. La gente acude también a charlas de espiritualidad, retiros, convivencias, cursos de retiro. Precisamente nuestro primer objetivo es  tener cuanto antes una casa de retiros donde podamos hacer con paz todo esto. También, con estudiantes universitarios, vamos semanalmente a las estaciones de tren para llevar café caliente y galletas a los pobres. Es uno de los momentos más entrañables para todos, especialmente para los más jóvenes.

¿Está muy extendida la devoción al Fundador del Opus Dei?

Desde hace décadas muchos han recibido y leído libros de San Josemaría Escrivá. Es normal que en algunas ciudades, encuentres en las Iglesias católicas boletines informativos sobre el santo o estampas para su devoción. Todos los 26 de junio, día de su festividad, se celebra una Misa en la catedral de Moscú –oficiada por el arzobispo, que aprecia la labor apostólica de la Obra-, en la catedral de San Petesburgo y en Puskin. Este año también en Kiev (Ucrania). En Semana Santa 15 universitarios acudieron a Roma al Congreso Univ, organizado por la Prelatura del Opus Dei. Además de ver al Papa y al Prelado de la Obra, acudieron a rezar con devoción a la cripta donde está enterrado San Josemaría. Fueron muchos los rusos también que vinieron a Madrid, para asistir a la Beatificación de su sucesor, el beato Álvaro del Portillo.

Entrevista realizada por  José Luis García